El problema de la baja productividad de la economía de Nicaragua

5 06 2016

De acuerdo con la teoría económica, la productividad es igual al Producto Interno Bruto (PIB) Real por trabajador ocupado.

En Nicaragua, según el Ministerio del Trabajo (MITRAB), aproximadamente el 48.3% de las personas ocupadas en 2013 estaba subempleada (último dato oficial disponible), es decir, trabajaba menos de 8 horas diarias o devengaba un salario menor que el salario mínimo legal. Este problema estructural del mercado laboral del país, que evoluciona a la par de la informalidad del mercado resultante de una alta concentración del ingreso, nos indica que es mejor medir la productividad como el PIB Real por trabajador ocupado pleno, o sea, por persona que labora las 8 horas diarias, según manda nuestro código laboral.

No existen obstáculos metodológicos para determinar el número de trabajadores ocupados plenos, porque el Anuario de Estadísticas Macroeconómicas 1960-2015 del Banco Central de Nicaragua (BCN) no contiene datos oficiales del empleo para el año de 2015 ni cifras anuales de empleo por actividad económica para el período 2012-2015.

De acuerdo con estimaciones de Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES), en 2015 la población económicamente activa (PEA) del país está compuesta de 3.3 millones de personas, que representan el 54% de la población total de Nicaragua. Con la Ley de Okun, que relaciona el crecimiento económico y las variaciones de la tasa de desempleo, COPADES estimó que en 2015 el 10.2% de la PEA está desocupado en forma abierta o no trabaja, y el subempleo equivalente, en otras palabras, las horas hombres no trabajadas por los subempleados, equivalen al 12.0% de la PEA. Por consiguiente, la tasa de subutilización de la fuerza laboral fue igual a 22% de la PEA el año pasado: 735 mil personas no generaron ingresos y 2.6 millones de personas son trabajadores ocupados plenos, que representan el 77.8% de la PEA del país.

Al dividir el PIB Real de 2015, publicado recientemente por el BCN, entre el total de personas ocupadas plenas arriba mencionado, se obtiene la productividad de la economía de Nicaragua de 64 mil 546 córdobas de 2006, la cual muestra una tasa de caída promedio anual de 1.16% en el período 2007-2015.

La caída de la productividad de la economía nicaragüense está validada con los hechos de que en 2013 el 77.4% de los ocupados (última cifra oficial disponible) trabajaba en empresas que no tenían registros contables, y en 2014, de acuerdo con la base de datos de la VI Encuesta de Medición de Nivel de Vida (EMNV), se puede precisar que la escolaridad promedio de los nicaragüenses es apenas de 6.2 años de estudio, el 9.5% de los niños de 6 años a 14 años de edad no asiste a la escuela primaria y el 26.3% de la población depende económicamente de un jefe de hogar con escolaridad máxima de primaria incompleta.

Desde hace varios años, COPADES ha propuesto políticas públicas que conduzcan a una mayor productividad de la economía, entre las cuales se distinguen las siguientes:

  • Ampliar la calidad y la cobertura de la educación pre-escolar, primaria, secundaria y técnica media y superior.
  • Transferir tecnología a las microempresas y pequeñas y medianas empresas, facilitar la renovación de la infraestructura tecnológica para las empresas productora de bienes y servicios en general, y formular políticas fiscales favorables a la inversión en tecnología.
  • Facilitar el crédito a las microempresas y pequeñas empresas agropecuarias y agroindustriales a través de una efectiva una banca de fomento estatal, aunque ésta ya es de propiedad mixta, estatal-privada.
  • Mejorar y ampliar la infraestructura económica, por lo que es necesario facilitar un mayor espacio fiscal a la inversión pública.
  • Vincular la inversión extranjera directa con las cadenas de producción locales, para generar más empleos y una mayor tasa de crecimiento económico.
  • Formular una política industrial orientada hacia la existencia de una estructura industrial diversificada y bien integrada, con empresas de grande, mediana y pequeña dimensión subcontratando, cooperando y compitiendo entre ellas.
  • Buscar una mayor equidad tributaria, que es compatible con la tarea estatal de la redistribución del ingreso.
  • Continuar mejorando la administración de la justicia, con los propósitos de reducir la inseguridad de las personas jurídicas y desarrollar el clima inversionista, o sea, fortalecer la confianza de los inversionistas nicaragüenses y extranjeros.
  • Elevar la calidad medioambiental del crecimiento económico del país.

En la actualidad, el avance tecnológico mundial se puede observar principalmente con las fuentes de energía alternativas más limpias, tales como la eólica y la solar, con el internet y las redes sociales, con los sistemas de préstamos y pagos automatizados, con la automatización de procesos productivos, y con el avance permanente de la biotecnología. Sin embargo, la productividad en Nicaragua no avanza lentamente, sino que retrocede.

El país necesita una mayor inversión privada y pública en capital real o físico, o sea, una mayor inversión en construcción, maquinaria y equipo, pero también es necesario ampliar la cobertura y la calidad de la educación de su población, que es bastante joven, porque es urgente elevar el crecimiento potencial de la economía. Por ejemplo, la inversión pública, aunque se está expandiendo en la red vial, la reconversión de la matriz de generación de electricidad y la construcción de hospitales y escuelas, apenas participa con el 22% en el gasto total del presupuesto nacional. También se necesitan políticas públicas que contribuyan a la reducción de los costos, por ejemplo, disminuir las tarifas de energía eléctrica con la revisión del pliego tarifario, facilitar la introducción de proyectos de riego en las actividades agropecuarias y aplicar el método de Precios Paridad de Importación para que se supervise, con base en el mercado libre, la formación de los precios internacionales de los bienes primarios, entre ellos los combustibles.

La baja productividad de la economía nicaragüense no es un problema exclusivo del Estado, sino que demanda la participación de los empresarios y los trabajadores, de todos los agentes económicos del país. Baja productividad significa bajos salarios y pobreza.


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