El dilema monetario internacional y el fortalecimiento del córdoba

22 05 2016

Aumenta la probabilidad de que en junio próximo la Fed, el banco central estadounidense, eleve las tasas de interés por segunda ocasión, porque la tasa de crecimiento económico de Estados Unidos se ha acelerado en el segundo trimestre del año en curso, de acuerdo con los datos de la producción industrial y las nuevas construcciones de viviendas y, además, la tasa de inflación interanual subió a 1.1% en el mercado estadounidense en abril recién pasado.

Cabe recordar que el primer movimiento de las tasas fue en diciembre de 2015, cuando la Fed las movió del rango de [0%, 0.25%], establecido en diciembre de 2008, al rango de [0.25%, 0.5%], pero se espera que dichos ajustes serán muy graduales debido a la incertidumbre global provocada por el anémico crecimiento de la Eurozona y de Japón, la rápida desaceleración del crecimiento económico de China y la recesión en varios países de economía emergente, por ejemplo, Brasil y Rusia.

La política monetaria de la Fed influye en las condiciones crediticias de muchos países, independientemente de sus políticas cambiarias. Las alzas de la tasas de interés de la Fed encarecerán el crédito, lo cual se suma ahora a la reducción de los montos crediticios provocada por  cese de la política de “relajamiento cuantitativo” (quantitative easing) de la Fed en octubre de 2014.

Cuando la Fed endurece sus políticas, el crédito se vuelve más escaso y más caro en todas partes del mundo y viceversa, pero en el caso de Nicaragua ese impacto no es significativo porque la única diferencia entre los saldos de las reservas internacionales brutas y netas del Banco Central de Nicaragua (BCN) continúa siendo el monto que adeuda el país al Fondo Monetario Internacional (FMI) –en la actualidad US$81 millones- en vez de las obligaciones financieras de corto plazo del país con el resto del mundo, que prácticamente son marginales en la economía local.

La política monetaria internacional tiene el trilema que en un país no pueden existir de manera simultánea un tipo de cambio fijo, la independencia monetaria y el movimiento libre de capitales, aunque sí pueden coexistir dos de estos tres elementos. En Nicaragua no se observa el perfil de ese trilema, que en el fondo parece que se trata de un dilema, porque los bancos centrales podrían ejercer una coordinación efectiva de la política crediticia en el mercado interno a través de tipos de cambio flexibles y restricciones a la cuenta de capital de la balanza de pagos.

En Nicaragua no existe una efectiva política financiera nacional. Los estudios econométricos con los que he analizado el mercado monetario de Nicaragua facilitan la conclusión que el BCN no influye en las tasas de interés del sistema financiero nacional. En el caso que Nicaragua adoptara una banda cambiaria para la flotación del córdoba, el BCN tendría libertad para fijar las tasas de interés y determinar las condiciones financieras a nivel nacional, incluso ante una situación de gran movilidad internacional de los capitales. Es por esta razón que podría considerarse que el trilema de la política monetaria internacional es realmente un dilema.

En Nicaragua el córdoba no flota porque el país tiene metas para sus exportaciones y el tipo de cambio real. Sin embargo, nuestras exportaciones son de bienes intermedios o materias primas, con poco valor agregado, y dependen más de las condiciones climatológicas de cada ciclo agrícola que de sus precios internacionales.

Adicionalmente, la política cambiaria es reptante para evitar una continua apreciación del córdoba resultante de un tipo de cambio nominal fijo, pero el tipo de cambio nominal reptante no ha sido el ancla de los precios de la economía, como dicen algunos economistas, sino el ancla del tipo de cambio real y esto ha desestimulado a los productores para aumentar el volumen de las exportaciones.

Las exportaciones domésticas de bienes FOB de Nicaragua, que aún no arriban  a los tres millardos de dólares, no han basado el crecimiento de sus volúmenes en estímulos cambiarios sino en estímulos tributarios, por ejemplo, con las exoneraciones y exenciones en el pago del impuesto al valor agregado (IVA) a las importaciones de materias primas, maquinaria y equipo, y repuestos de las actividades agropecuarias, de las micro,  pequeña y mediana empresas manufacturera, y de la pesca artesanal, y con el crédito tributario del 1.5% del valor de las exportaciones.

Ese desestímulo al exportador se puede ejemplificar con la volatilidad promedio del tipo de cambio real bilateral con Estados Unidos (en precios de 2006) igual a 0.84% en los trimestres comprendidos entre julio de 2003 y diciembre de 2015, influenciada, en parte, por la volatilidad del tipo cambio nominal del córdoba igual a 0.4%, o sea, la tasa de devaluación nominal mensual del córdoba. Por consiguiente, es obvio suponer que si la volatilidad del tipo de cambio aumenta se reducen los depósitos y los préstamos en divisas líquidas, y que un tipo de cambio más flexible, que pueda moverse en cualquier dirección, haría más evidente el riesgo cambiario e introduciría un desincentivo a la dolarización financiera.

Fue por eso que en mayo de 2014 pocos agentes económicos exclamaron públicamente que dejaran las cosas como están, al anunciar públicamente el presidente del BCN, Ovidio Reyes, que pedirían consejos al FMI sobre la desdolarización de la economía, o sea, consejos para promover con políticas de mercado una mayor confianza en el córdoba, que ya goza de estabilidad. Pocos días después de ese anuncio, el presidente del BCN desistió públicamente de pedir esos consejos.

La desdolarización, yo diría la recordobización, depende del mantenimiento de una presión inflacionaria del córdoba baja y estable y de medidas macroeconómicas creíbles; es fortalecer la confianza de la población en el córdoba. Pensar en dólares es un problema cultural, por lo cual la credibilidad de la población en el córdoba tomará mucho más tiempo de lo que uno puede imaginar, porque nuestra moneda fue afectada por la cuarta hiperinflación mundial en el Siglo XX.

A nadie se debe obligar a devolver sus dólares ni a nadie se le debería congelar sus cuentas en dólares. La desdolarización es voluntaria, no se debe poner límites a los depósitos o préstamos en dólares, ni imponer más impuestos sobre la intermediación en dólares, mucho menos forzar la conversión de dólares a córdobas.

No debemos olvidar que la moneda de curso legal del país es el córdoba y, por lo tanto, el consenso político no sería para desdolarizar, sino sobre cómo hacer la desdolarización para precisar una efectiva movilización social alrededor de este tema.


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