El nivel de desigualdad sigue siendo alto en Nicaragua

14 05 2016

Presentación1

A pesar de la reciente aceleración del crecimiento económico de Nicaragua, que se manifiesta a través de datos del Banco Central de Nicaragua (BCN) con una tasa de crecimiento promedio anual de 5.2% en el período 2010-2015, el nivel de desigualdad sigue siendo alto, aunque la probabilidad de ser pobre en el país ha caído de 50.3% en 1993 a 29.6% en 2014, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE).

A través de las últimas cinco encuestas de medición de nivel de vida de la población (EMNV) que se han realizado en el país, se puede comprobar que el coeficiente de Gini de la curva de Lorenz de la distribución del ingreso, cuyo dato de 1993 correspondiente a la primera EMNV no está disponible, se ha reducido apenas 6 centésimas en un lapso de 16 años, al pasar de 0.54 en 1998 a 0.48 en 2014.

Si el coeficiente de Gini es igual a cero significa igualdad absoluta, y si es igual a 1 significa una situación de desigualdad absoluta. En otras palabras, dicho coeficiente establece el grado en que la distribución del ingreso entre las personas o las familias de un país se desvía de una distribución en una situación de igualdad perfecta, o sea, indica los puntos correspondientes a los porcentajes acumulados del ingreso total recibido en relación con el porcentaje acumulado de los receptores de ingresos, partiendo de la persona o de la familia más pobre.

A manera de referencia, según el Informe de Desarrollo Humano de 2015 elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), durante el período 2005-2013 los dos países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso son Seychelles, un archipiélago africano de 115 islas en el Océano Índico, y Sudáfrica, con  coeficientes de Gini iguales a 0.658 y 0.650 respectivamente, mientras que los dos países con la menor desigualdad de la distribución del ingreso son Ucrania y Suecia, con coeficientes de Gini iguales a 0.248 y 0.261 en el mismo orden.

Llama la atención que entre los países con mayor desarrollo humano, uno de los más altos coeficientes de Gini de la distribución del ingreso es el de Estados Unidos con 0.41, y entre los países de desarrollo humano alto y medio del istmo centroamericano Nicaragua es el segundo país con el segundo coeficiente de Gini más bajo, al registrar Honduras 0.574, Guatemala 0.524, Panamá 0.519, Costa Rica 0.486, Nicaragua 0.485 según la VI EMNV de 2014, y El Salvador 0.418.

El coeficiente de Gini de la distribución del ingreso sería menor con políticas fiscales redistributivas. La inequidad de la distribución del ingreso entre las familias nicaragüenses se puede explicar en parte con el hecho de que no se ha levantado un sistema de redistribución tributaria para que el gasto social sea más alto, eficiente y justo. Esto no significa agrandar el tamaño y las funciones del aparato estatal que lo haría más pesado e ineficiente, sino forjar la capacidad del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) para implementar políticas tributarias y de gasto social más eficaces y de mayor alcance, con las restricciones de que la deuda pública externa e interna fue igual a 45% del Producto Interno Bruto (PIB) y que la carga del pago de intereses y amortizaciones a los acreedores externos e internos del sector público representó el 37% del monto total de los impuestos del Gobierno Central en 2015.

A través de las encuestas, los nicaragüenses han señalado desde hace varias décadas que uno de sus tres problemas principales es la carestía de la vida –los otros dos son la falta de empleo y la pobreza- y tienen razón porque, sobre la base de datos de la VI EMNV de 2014 disponible en la página web del INIDE, con el total de sus ingresos el 41% de las familias no puede obtener los 23 alimentos que forman parte de la canasta de productos de consumo básico y el 62% de las familias no puede adquirir los 53 bienes y servicios de dicha canasta, cuyo costo sirve de referencia para la fijación del salario mínimo legal del país.

Las políticas públicas dirigidas a la reducción de la desigualdad de la distribución del ingreso de los nicaragüenses deben continuar enfrentando la exclusión social, a través de un mayor gasto de educación por estudiante y el alcance de un gasto público anual en educación pre escolar, primaria y secundaria equivalente al 7% del PIB en el mediano plazo, así como garantizar el acceso de la población a los servicios de salud; además, las políticas públicas también deben enfrentar la exclusión del mercado facilitando la creación de puestos de trabajo y la ampliación de la cobertura de los servicios de seguridad social, que en 2015 fue igual a 26% del total de personas ocupadas en el país.


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