Las señales económicas de Nicaragua en el inicio de 2016

8 05 2016

Las señales de un crecimiento económico anual de Nicaragua superior al 5% continúan siendo sólidas en el primer trimestre año de 2016. La presión inflacionaria se mantiene baja y estable. El aumento del poder adquisitivo de los trabajadores permanece constante.

Con datos oficiales disponibles a esta fecha, se puede observar claramente la dirección de la variación de la producción de bienes y servicios determinada por el Banco Central de Nicaragua (BCN) a través del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) con una tasa de crecimiento interanual de 6.7% en febrero de 2016, mientras que en febrero del año pasado mostraba un anémico crecimiento de 2.9%. Cabe destacar que el próximo mes de mayo, dicen los expertos, se podrá apreciar el final de la sequía provocada por el fenómeno de El Niño que afectó la producción agropecuaria durante dos ciclos agrícolas consecutivos, por lo cual se prevé un repunte en la producción primaria del país, incluyendo la de la pesca.

Como aconsejé públicamente a los macroeconomistas a distinguir bien entre la dirección del crecimiento económico, reflejado por el IMAE, y el crecimiento económico del país, indicado por el Producto Interno Bruto (PIB) Real, reitero en esta oportunidad que la diferencia básica entre ambos conceptos es el monto de los impuestos indirectos netos de subsidios, el cual está incluido en el PIB Real y no en el IMAE.

Eliminando la inflación, la recaudación real o el volumen de impuestos indirectos del Gobierno Central, de acuerdo con datos del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) y del BCN, que sumó 17 mil 830 millones de córdobas de 2006, mostró una tasa de crecimiento interanual de 9.5% en marzo 2015-febrero 2016, mientras que en el período marzo 2014-febrero 2015 este indicador creció 6.1%.

El consumo de 21.3 millones de quintales de cemento también mostró otro aumento interanual de 7.7% en el período marzo 2015-febrero 2016, que es superior al de 5.8% registrado en marzo 2014-febrero 2015. Aparentemente, el Ministerio de Energía y Minas (MEM) no ha entregado al BCN los datos de generación y consumo facturado de energía eléctrica, este último un indicador clave para comprobar la tasa de crecimiento del PIB Real.

Las estadísticas del empleo formal del país, es decir, del número de trabajadores activos que cotizan la seguridad social publicado por el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), no ayudan a corroborar la fortaleza del crecimiento económico porque los 830,248 trabajadores activos asegurados en el primer bimestre de 2016 apenas representan el 24% de la población económicamente activa que se aproxima a 3.5 millones de personas en este año.

En cuanto a los precios al consumidor, según los datos oficiales del BCN, la tasa de inflación se ha desacelerado al disminuir interanualmente desde 5.7% en abril de 2015 a 3.1% en abril de 2016, debido principalmente a la caída del precio del petróleo y de los combustibles.

De acuerdo con los datos del Ministerio del Trabajo (MITRAB), el salario promedio nacional nominal acusa una desaceleración en su crecimiento interanual al pasar de 8.5% en enero de 2015 a 6.0% en enero de 2016 y, por consiguiente, el salario promedio nacional real o el poder de compra del salario mantiene un aumento interanual prácticamente constante de 3.0% en enero de los dos últimos años.

Lo notable del aumento del poder adquisitivo de los trabajadores es un mayor gasto de consumo real de las familias, el cual ha sustituido al volumen de las exportaciones de bienes como segundo motor de crecimiento de la economía nicaragüense. El volumen de bienes y servicios finales comprado por las unidades familiares aumentó 5.2% en el año de 2015, según las Cuentas Nacionales elaboradas por el BCN, facilitado también por las remesas familiares y el crédito para el consumo.

En el primer trimestre de 2016, el BCN informó que el monto de las remesas que ingresó al país fue de US$302.3 millones, 4.5% superior al registrado en el primer trimestre del 2015; por otro lado, las cifras oficiales del sistema financiero nacional indican que el saldo nominal total de los créditos personales y la tarjeta de crédito a febrero de 2016 ascendió a C$32,845 millones, cifra que es 27.2% mayor que dicho saldo registrado en febrero de 2015 y 3.4% superior a dicho saldo observado en diciembre del año pasado.

La firma de asesoría económica que dirijo, Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES), ha reafirmado desde inicios del año pasado que la economía de Nicaragua ya entró al estadio de crecimiento de entre 5% y 6%, y esto se está comprobando con los datos oficiales disponibles al mes de abril de este año. El primer motor del crecimiento económico continua siendo la inversión privada y pública, que no está limitada al flujo anual de los gastos de construcción y adquisición de maquinaria y equipo, especialmente la extranjera directa, sino que incluye los efectos de la maduración de los proyectos, es decir, la optimización de la producción de las nuevas empresas.

Sin embargo, se requiere una política nacional que reduzca la inequidad de la distribución del ingreso. Por ejemplo, el salario promedio nacional, aún mal estimado porque es el resultado de la división de la masa salarial entre el número de asalariados –en vez de ponderar el salario de los estratos salariales por el número de trabajadores correspondientes a cada estrato-, registró el nivel de C$8,863 en enero recién pasado, pero el costo de los 23 alimentos que integran la canasta de consumo básico totalizó C$8,262.66 y el costo total de la canasta de 53 productos de consumo básico ascendió a C$12,357.22 en ese mismo mes, de acuerdo con cifras del BCN. De acuerdo con los datos de la VI Encuesta de Medición de Nivel de Vida 2014, con todos los ingresos percibidos el 62% de las familias no tiene acceso a los 53 productos de la canasta de consumo básico.

Es necesario que se corrija el error de que los salarios del país son competitivos, como afirman algunos políticos y economistas. No se debe promover la competitividad empresarial sobre la base de bajos salarios, porque significaría oficializar la pobreza en el país, sino que hay que promover la competitividad empresarial con mejor educación, transferencia de tecnología, racionalización de los costos financieros, mejoramiento y ampliación de la infraestructura económica y, como dijera en el siglo pasado el economista austríaco Joseph Schumpeter, con la presencia de un empresario innovador.


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