Qué nos puede esperar después de 10 años del DR-CAFTA

24 04 2016

Presentación1

El tratado de libre comercio de Nicaragua con Estados Unidos (DR-CAFTA) entró en vigencia en Nicaragua el 1 de abril de 2006. Con diez años de vigencia, de acuerdo con datos oficiales del Banco Central de Nicaragua (BCN) y excluyendo el comercio exterior de las empresas del régimen de zona franca porque a lo sumo el 25% de las exportaciones brutas de estas empresas queda en Nicaragua en concepto de servicios de manufactura, durante el período 2005-2015, el  valor de las exportaciones domésticas de bienes FOB del país a la primera economía mundial aumentó 12.1% promedio anual al pasar de US$289 millones en 2005 a US$905 millones en 2015, mientras que el valor de las importaciones de bienes CIF de origen estadounidense se elevó 8.4% promedio anual al incrementarse de US$524 millones a US$1,018 millones en ese mismo período.

Consecuentemente, entre ambos años y en porcentajes del Producto Interno Bruto (PIB), el déficit comercial de Nicaragua con Estados Unidos se redujo del 3.7% a 0.9%, con lo cual se puede demostrar parte del beneficio que ha tenido Nicaragua en los primeros diez años de vigencia del más importante tratado de libre comercio, porque Estados Unidos es el principal socio comercial del país al participar con el 37.4% en el valor total de las exportaciones domésticas de bienes FOB y con el 19.0% en el valor total de las importaciones de bienes CIF del país. A lo anterior se agrega, con base en cifras oficiales del BCN y ProNicaragua, un flujo bruto de inversión directa estadounidense de US$1,873 millones registrado en el período 1993-2014, que representó el 19.4% del total de la inversión extranjera directa recibida por el país.

Hasta este momento, el mercado nicaragüense no ha sentido el impacto del arancel cero de las importaciones de una gran cantidad de bienes de origen estadounidense, principalmente de consumo, que es efectivo desde el primer día del décimo año de vigencia del DR-CAFTA.

Los bienes importados con arancel cero incluyen, de acuerdo con el tratado, los de la categoría C que tienen una desgravación lineal de 1 a 10 años, y los de la categoría M que tienen una desgravación no lineal de 1 a 10 años.

Entre los bienes de consumo final, los exportadores estadounidenses pueden vender con arancel cero el pollo sin trocear y el pollo completo en trozos, legumbres, frijoles, aceite comestible, pinolillo, pastas alimenticias, sal refinada, papel higiénico, calzado, pan simple y dulce, mantequilla, jugos de fruta, vinagre, bolsas de papel y de plástico y jabón en barra, entre otros.

Entre otros bienes de consumo intermedio, o materias primas, los exportadores estadounidenses pueden vender con arancel cero alimentos para aves de corral, clavos, grapas, cementos, hidrógeno y oxígeno, bloques y ladrillos para la construcción y tejas. Entre la maquinaria y equipo, o bienes de capital, producidos en Estados Unidos y que puede entrar con arancel cero se distinguen las ambulancias, coches de turismo, vehículos familiares, palas, picos, rastrillos, machetes, cinceles y carretillas.

El efecto positivo de esas importaciones con arancel cero provenientes de Estados Unidos es el mejoramiento del poder adquisitivo de los salarios y de la competitividad de ciertas empresas nicaragüenses por los menores costos de adquisición de insumos y de maquinaria y equipo.

Sin embargo, en términos generales los empresarios nicaragüenses no se prepararon en los diez años pasados para poder competir con los empresarios estadounidenses, cuyos productos son de mejor calidad y tienen un menor precio por su menor costo de producción unitario, ni las autoridades gubernamentales diseñaron un plan para promover la competitividad empresarial.

Desde hace muchos años, COPADES ha sugerido que el tema central en la agenda económica gubernamental debe ser el de la competitividad empresarial, pero aún no se visualiza un marco integral de políticas públicas y actividades empresariales que minimicen los riesgos de la liberalización comercial.

Es obvio que se requiere emprender acciones para mejorar y ampliar la capacitación técnica de los trabajadores; elevar los estándares laborales del país y equipararlos con los más altos existentes en los países del istmo centroamericano; impulsar la innovación tecnológica en la micro, pequeña y mediana empresa; aumentar la cartera de préstamos de largo plazo y disminuir el costo del financiamiento de las inversiones; incrementar los rendimientos agropecuarios; desarrollar la estrategia agroindustrial del país; y vincular la inversión extranjera directa con las cadenas de producción  locales.

Se observan, pues, tres tareas nacionales, que esperan ser iniciadas concertadamente entre el Estado, los empresarios y los trabajadores, con el apoyo de la Comunidad Internacional, que son las siguientes: la formalización del mercado interno, el aumento de la productividad de la economía y el fortalecimiento de la competitividad empresarial.

Al no haberse actuado oportunamente en la solución de los problemas arriba mencionados, se han elevado los riesgos del cierre de microempresas, pequeñas y medianas empresas, porque están afectadas por altas tarifas y elevados costos de producción, y de las afectaciones a grandes empresas por los elevados costos de la energía eléctrica y de los combustibles líquidos, y por el bajo poder adquisitivo de los ingresos de la mayoría de la población que no está siendo provocado sólo por una baja tasa de inflación, sino también por los bajos niveles salariales resultantes de un bajo nivel de escolaridad promedio de la población, sin atreverme a calificarlos de “competitivos”.

Se encuentran en riesgo las actividades económicas “islas” del país, que no demandan muchas materias primas nacionales ni venden sus productos como materias primas a otras empresas, tales como las productoras de frijol, soya, hortalizas, aceites comestibles, prendas de vestir, calzado, jabones y productos farmacéuticos; y las actividades económicas “motores” del país, que demandan muchas materias primas nacionales e impulsan el crecimiento económico, por ejemplo, las de sorgo, embutidos, productos lácteos, productos de panadería y productos de cuero.

En conclusión, el beneficio esperado después de los primeros diez años del DR-CAFTA es la mayor satisfacción de los consumidores a un menor costo, pero acechan los riesgos de un mayor subempleo, una desaceleración del crecimiento económico y un aumento del déficit comercial de Nicaragua con Estados Unidos.


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