Lecciones del crecimiento económico de Nicaragua en 2015

2 04 2016

El recién publicado Informe Anual 2015 del Banco Central de Nicaragua (BCN) indica, en términos preliminares, que el crecimiento económico del país fue 4.9% el año pasado, después de haber mantenido en el ultimo trimestre de ese año una banda de crecimiento de 4.3% a 4.8%. Ese crecimiento se basó, por el lado de la oferta, en la producción del comercio, la construcción y ciertas actividades agrícolas e industriales manufactureras, mientras que por el lado de la demanda fue impulsado por los gastos de inversión fija y de consumo.

El ritmo de crecimiento del volumen de producción de bienes y servicios estuvo muy cerca del 5%, tal como Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES) lo manifestara a los empresarios que suscriben sus servicios con la revisión de su pronóstico económico presentado en el cuarto trimestre del año pasado, después de haber descontado la desaceleración de 6 décimas procentuales del Producto Interno Bruto (PIB) Real provocada por el fenómeno climatológico de El Niño tanto en la siembras de primera y de postrera del ciclo agrícola 2015/2016 como en la actividad de la ganadería bovina.

Es por ello, que COPADES afirmó que Nicaragua ya entró al estadio de crecimiento económico anual de entre 5% y 6% y, salvo otra gran recesión económca mundial como la del bienio 2007-2008, será muy difícil que la saquen de ese lugar no obstante la desaceleración del crecimiento de los países de economia emergente y el anémico crecimiento de la economía de la Eurozona. Cabe reiterar que la economía de Nicaragua y de Centroamérica, incluyendo también a la de los países del Caribe, depende más del comportamiento de la primera economía mundial, Estados Unidos.

Además, las condiciones políticas, económicas y sociales del resto de los países del istmo centroamericano –los tres del norte están afectados principalmente por la inseguridad, Costa Rica con un elevado déficit fiscal y un grado de endeudamiento muy alto, y Panamá con una desaceleración de su tasa de crecimiento, desde 11.8% en 2011 hasta 5.5% en 2015, por la culminación de sus grandes obras de infraestructura económica- han facilitado un alentador panorama inversionista en Nicaragua, que comenzó a visualizarse desde el segundo semestre del año pasado.

De ese importante crecimiento económico del país, pero aún insuficiente para reducir el subempleo, el desempleo y la pobreza porque el ingreso promedio per cápita anual de Panamá es 6 veces más alto que el de Nicaragua, y el de Honduras es el doble del de Nicaragua, se han sacado algunas lecciones macroeconómicas en los últimos meses.

La contabilidad social de un país no se determina con el uso de modelos econométricos de “última generación”, peor en un país cuya autoridad monetaria no dispone, por ejemplo, de información sobre todos los indicadores físicos de producción y del empleo por actividad económica, como es el caso de Nicaragua. Los modelos econométricos son una abstracción de la realidad; así, hay que recordar una frase popular entre los econometristas que dice “si a un modelo le echas basura para ponerlo a funcionar, sólo obtendrás basura como resultado”.

Por esa razón, recomendé, en mi caracter de presidente deCOPADES, a economistas y autoridades gubernamentales y a colegas que trabajan en el sector privado, durante una entrevista televisiva en la cual también se encontraba el colega Francisco Mayorga en los últimos días del año pasado, que seleccionaran indicadores económicos clave que tuviesen una alta correlación positiva con el PIB Real, estimaran sus correspondientes elasticidades y comprobaran las tasas de crecimiento económico que mencionaban públicamente, con el propósito de evitar la confusión entre la población con sus proyecciones deprimentes, que algunos bajaban de la barrera del 4%. A manera de ejemplo,les planteaba tres indicadores clave: el consumo, no la producción, de energía eléctrica en mWh; el consumo aparente de cemento en quintales; y el monto de los impuestos indirectos recaudados por el Gobierno Central, en córdobas constantes deflactados con el índice de precios al consumidor.

Entre otros economistas, se confundía el comportamiento promedio anual del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) elaborado por el BCN con el comportamiento del PIB Real, lo cual no es correcto porque el IMAE se basa en indicadores físicos de producción para señalar sólo la dirección de la tendencia del desempeño productivo del país, mientras que el PIB, cuya estimación se basa en esos indicadores físicos, también incluye los impuestos indirectos pagados por productores al Estado. También se pudo observar que algunos economistas se referían al ritmo de crecimiento económico como la media aritmética de la banda de crecimiento del BCN, o sea, 4.5%. Adicionalmente, la propuesta del Presupuesto General de la República (PGR) 2016, presentada por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) a la Asamblea Nacional el 15 de octubre del año pasado, determinó la tasa de crecimiento económico de 2015 con el límite inferior de la banda de crecimiento económico del BCN, es decir, 4.3%.

Otros colegas estimaban un crecimiento económico de 4% con poca información directa de los productores. ¿Y cómo lo estimaban? Como dijera una vez el presidente del BCN,Ovidio Reyes, estimando también los datos de producción sectorial que no se tenían. Pero realizar estas estimaciones no sólo depende del método, sino también de la experiencia profesional del macroeconomista y de su concimiento del mercado local. En conclusión, este es el problema que resulta del manejo de bandas no sólo de crecimiento económico, sino también inflacionarias.

La macroeconomía, es decir, los cuatro balances macroeconómicos, está sujeta a prueba como la microeconomía, o sea, la empresa. Por ejemplo, en está ultima es bastante popular la “prueba del ácido” en la contabilidad privada, que mide la capacidad inmediata que tiene la empresa para pagar sus obligaciones financieras de corto plazo. En la primera, los conocimientos de macroeconomía y la experiencia profesional en ese campo facilitan la comprobación de los datos más importantes de la oferta y demanda global, la balanza de pagos, el balance fiscal y el balance monetario.

No hay que salir públicamente a decir el valor de un indicador macreconómico, por ejemplo, la tasa de crecimiento económico o los déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos y del presupuesto gubernamental como porcentajes del PIB, sin haber corroborado o comprobado no sólo el dato, sino también el método de estimación. Peor aún, salir públicamente a repetir las cifras de otras fuentes de información, porque todas las fuentes, incluyendo a COPADES, están sujetas a errores y se debe comprobar que lo que indicó esa fuente es fiable o no, si se minimizó o no el error, y para eso existen indicadores macroeconómicos clave de referencia.


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