Terminó una década de política económica

14 02 2016

Presentación1

“El tipo de cambio nominal es la principal ancla nominal de precios debido a la indexación de los principales precios al dólar y al elevado traspaso del tipo de cambio a los precios”, es una afirmación no solo del Banco Central de Nicaragua (BCN) sino también de economistas y de diversos agentes económicos, con la excepción de los exportadores que han incrementado sus volúmenes de producción más por estímulos tributarios que por estímulos cambiarios.

De acuerdo con la teoría económica, el régimen cambiario que ancla los precios es el tipo de cambio nominal fijo, que imperó en Nicaragua hasta el 9 de enero de 1993. Con ese régimen cambiario, Nicaragua utilizó el tipo de cambio nominal del córdoba para reducir la inflación, un problema económico que comenzó a observarse en el país hasta después del terremoto que destruyó a la Ciudad de Managua en diciembre de 1972.

Un tipo de cambio nominal fijo, como el de C$7 por US$1 que estuvo vigente entre los años de 1946 y 1978, ayudó a frenar la inflación al permanecer constantes los precios de las importaciones, suponiendo que los precios de los productos extranjeros también permanecen constantes. El costo de mantener un tipo de cambio nominal fijo es la pérdida continua  de la competitividad y una crisis de divisas al disminuir las reservas internacionales en manos de la autoridad monetaria. Tal como ocurrió en el país, se tuvo que detener la inflación, mejor dicho la hiperinflación que duró 4 años entre abril de 1987 y abril de 1991, con la política monetaria y la política fiscal, ya que la política cambiaria, un instrumento complementario, no puede hacer la mayor parte de la tarea de la desinflación.

A partir del 10 de enero de 1993, una fecha política por ser el día del ascenso al poder del ganador de las elecciones presidenciales, el tipo de cambio nominal del país comenzó a ser reptante, al deslizarse con un ritmo de 9% anual y elevarse hasta 12% el 10 de noviembre de ese mismo año; luego, en otra fecha política, el 11 de julio de 1999, día del Partido Liberal, la tasa anual del deslizamiento se redujo a 9% y el 1 de noviembre de ese mismo año volvió a disminuir hasta el 6%; finalmente, desde el 1 enero de 2004 la tasa anual del deslizamiento cambiario permanece constante en el nivel de 5%. La tasa de deslizamiento se ha estancado en los últimos 12 años.

De acuerdo con información del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Memorándum de Políticas Financieras y Económicas del 19 de agosto de 1999 señaló que “… el gobierno (de Nicaragua) ha decidido reducir la tasa de deslizamiento cambiario con respecto al dólar e introducir una banda cambiaria. Esto ayudará a mantener la reducción de la inflación y facilitará el primer paso hacia un sistema más flexible de determinación de mercado del tipo de cambio”. Hasta esta fecha, entre los países centroamericanos que tienen moneda propia, sólo Nicaragua tiene un tipo de cambio reptante, mientras que Guatemala, Honduras y Costa Rica tienen sistemas de bandas cambiarias.

El objetivo de la política de fijación reptante del tipo de cambio es mantener el tipo de cambio real fijo, no el tipo de cambio nominal. Cuando un país devalúa, lo importante es que se pueda conseguir una devaluación real, es decir, reducir el precio de sus bienes (P) con respecto al precio de los bienes extranjeros (Pf). La devaluación real se obtiene cuando el tipo de cambio nominal sube más que el nivel de precios; en otras palabras, mantener el tipo de cambio real fijo o constante significa eliminar el diferencial entre la inflación del país  y la inflación de sus socios comerciales, o sea, que la tasa de devaluación nominal sube con el mismo ritmo de la relación P/Pf.

Lo que perjudica a la política cambiaria reptante del país no es sólo su larga duración, sino también la proliferación de mecanismos de indexación de precios en córdobas con el tipo de cambio, destacándose entre éstos la cláusula de mantenimiento de valor, que fue anunciada el 3 de marzo de 1991 con el ánimo de que los nicaragüenses tuviesen confianza para depositar sus córdobas en el sistema financiero nacional después de la erradicación de la hiperinflación.  Veinticinco años después, podemos observar que los agentes económicos se refugian en los depósitos en dólares, a pesar que el córdoba goza de una gran estabilidad. El Artículo 38 de la Ley orgánica del BCN legalizó la cláusula de mantenimiento valor, lo cual ató las manos de la autoridad monetaria para administrar una eficiente política monetaria: nuestra moneda de curso legal, el córdoba, apenas está presente en el 22% del mercado.

El problema es que la estructura de los costos de producción de las diversas actividades económicas ha sido dolarizada por los mecanismos de indexación de precios con el tipo de cambio. Una devaluación nominal de 5% establece un piso inflacionario de 5%, dice el BCN debido a la indexación de precios con el tipo de cambio, lo cual contradice el objetivo de la política de fijación reptante del tipo de cambio. Según mis cálculos, si no existiesen esos mecanismos de indexación de precios, una tasa de devaluación nominal de 5% provocaría una tasa de inflación vía costos de producción aproximadamente igual a 1.83%.

Nicaragua es el único caso en el mundo con esa grave restricción de su política cambiaria. Según datos oficiales de 2006, actual año base de las cuentas nacionales del país, el componente importado representa sólo el 14.3% del total de los insumos de todas las actividades económicas; los insumos primarios, o sea, los sueldos y salarios, los impuestos indirectos netos de subsidios, la depreciación del capital fijo y las utilidades brutas, que son efectivos en córdobas, participan con el 53.2% en el total de costos de producción; y el componente de productos intermedios de origen nacional, que son transados en córdobas entre las actividades productivas, representa el 32.5% de esos costos.

Sin embargo, el 100% de los costos de producción de cualquier actividad económico está dolarizado, lo cual hace que la política cambiaria sea inefectiva para enfrentar los choques económicos externos, tales como una caída de los precios internacionales de nuestros productos de exportación o el alza del precio del petróleo, e imposibilita la reducción del grave déficit comercial de la balanza de pagos que continúa oscilando alrededor del 20% del producto interno bruto (PIB).

El presidente del BCN, el colega Ovidio Reyes, quien en mi opinión hoy es el mejor economista en las filas gubernamentales y a quien recuerdo como uno de los estudiantes de más alto rendimiento en mis clases de econometría en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), seguramente está consciente de estos problemas monetarios y cambiarios, agrego los financieros, los cuales podrán ser resueltos sólo en el largo plazo. Y el plazo es bastante largo.

En octubre de 1996 Nicaragua era clasificada como un país pobre y muy endeudado por el FMI y en julio de 2015 fue clasificada como un país de ingreso medio bajo por el Banco Mundial (BM).  No hay que dejar de hacer lo que se está haciendo bien, y si no se puede preparar las condiciones para establecer una nueva ruta para conocer hacia dónde vamos, no toquemos la política macroeconómica. Menos en un año electoral.


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