La economía podría crecer a un mayor ritmo

29 11 2015

La economía de la Nicaragua de hoy es muy diferente a la que se observó en la década de los ochenta. En esos años, con un máximo de 40% en la participación del sector estatal en la formación del Producto Interno Bruto (PIB) Real, el modelo económico se cerraba con la emisión de dinero, la tasa de desempleo era casi de pleno empleo, la productividad de la economía estaba desplomada, con una hiperinflación que fue la cuarta del mundo en el Siglo XX espoleada por la guerra, el financiamiento de las inversiones y la irrecuperabilidad del crédito de corto plazo. Los dólares desaparecieron en el escenario del mercado, al prohibirse su tenencia y al aplicarse una tasa de encaje legal de 100% a los depósitos del sistema bancario, o sea, cualquier depósito en dólares era trasladado totalmente al Banco Central de Nicaragua (BCN).

Ahora la economía de Nicaragua crece a un ritmo sostenido pero insuficiente para reducir el alto subempleo y la pobreza, la participación del sector público en la formación del PIB es cercana al 10%, la inversión extranjera directa domina el 70% de la formación bruta de capital fijo del sector privado, la inversión pública es financiada en gran parte con préstamos multilaterales muy concesionales, el modelo económico se cierra con el aumento de reservas internacionales y el Plan Nacional de Desarrollo Humano de la actual administración del presidente Daniel Ortega es una guía del gobierno central en vez de una detallada expansión de la actividad económica.

Sin embargo, con el obstáculo de una independencia entre las tasas de interés de la autoridad monetaria del país y las tasas de interés del sistema financiero nacional y con la persistente presencia un acentuado sesgo exportador desde la década de los noventa gracias a los estímulos tributarios, el escenario económico aún continúa mostrando un elevado déficit comercial externo por la sobrevaluación del córdoba, a pesar que la combinación de la política monetaria y fiscal al estilo fondomonetarista han garantizado la estabilidad de la inflación de un dígito, hoy proyectada anualmente con un nivel fijo de 7%, y la estabilidad del tipo de cambio nominal reptante, que se desliza 5% anual desde el año de 2004, aunque el córdoba sólo participa con el 20% en la tenencia de los activos líquidos –el otro 80% es dominado por el dólar y el córdoba con mantenimiento de valor, que es un dólar disfrazado-.

El propósito del PNDH ha sido mejorar el nivel de vida de la población, es decir, reducir la pobreza, pero contradictoriamente la economía informal ha crecido y, consecuentemente, ha deteriorado el estándar de vida de la población. Con una expansiva economía informal, que crece al menos 16 puntos porcentuales hasta 80% en los últimos ocho años, el mercado potencial se concentra en el 20% de la población total del país. El 70% de la población no puede comprar una vivienda de interés social, mientras que el salario promedio mensual del sector formal de la economía es prácticamente igual al costo mensual de los 23 alimentos que consume una familia integrada por 5 personas.

El gobierno necesita que el PIB Real crezca anualmente a un ritmo mínimo de 6% para disminuir en 1 punto porcentual la alta tasa de subutilización de la fuerza laboral que supera el 30% de la población económicamente activa. Comparto la tesis gubernamental de la ejecución de mega proyectos para enfrentar y reducir la pobreza lo más pronto posible, tales como el proyecto hidroeléctrico TUMARÍN, que ya se inició en 2015, o el proyecto del Gran Canal que aún está en etapa de ideas para su formulación y, siempre que cumpla los requisitos de protección del medio ambiente y financieros pueda ser ejecutado posteriormente.

¿Cuándo será posible un mayor crecimiento económico, hoy atascado entre 4% y 5% anual? No lo sabemos. Reducir la pobreza será una tarea titánica de al menos 15 años continuos con un PIB Real creciendo 6% y más anualmente, lo cual es posible porque, siendo ahora Nicaragua un país de ingreso medio bajo, relativamente continúa siendo un país pobre al tener en 2015 un PIB per cápita igual a 2 mil 16 dólares y a 20% del PIB per cápita mundial. Por lo tanto, lograr y mantener un rápido crecimiento no es imposible.

La actual desaceleración económica mundial no nos afecta debido a las escasas relaciones económicas, financieras y comerciales con China, la Eurozona, Japón y Sudamérica. Los empresarios deben aprovechar la dinámica, aunque lenta en este momento, del crecimiento económico de Estados Unidos, teniendo en cuenta que las futuras alzas graduales de la tasa de interés del banco central estadounidense (Fed) no afectarán las condiciones del sistema financiero nacional ni el financiamiento de las inversiones públicas.

El escepticismo sobre la economía nicaragüense está en manos de los políticos, unos incluso con cuentas pendientes con la justicia de nuestro país, como es el caso del diputado opositor impune Eduardo Montealegre Rivas escudado en la inmunidad de su cargo público que no desempeña. El riesgo político es creciente por los reclamos de la población frente a la mega obra del Gran Canal y a la transparencia electoral, no por la orquesta de los políticos de oposición que no tienen un plan alternativo al PNDH ni muestran un ápice de unidad. A este riesgo político se podría agregar el escepticismo que se refleja en la indisponibilidad e insuficiencia de la información económica oficial, especialmente del mercado laboral desde 2012 y de la última encuesta de medición de nivel de vida de la población de 2014.

Otro rasgo importante de la conducción económica del país es la ausencia de políticas públicas que cuiden el mercado interno, o sea, el consumo de la población. Las encuestas señalan a la carestía de la vida como uno de los tres principales problemas de los nicaragüenses, y este malestar es contradictorio con la estabilidad del córdoba. Entonces, ¿por qué esta queja? El deterioro del poder de compra de la población sólo puede explicarse con los bajos niveles salariales que existen en los sectores formal e informal de la economía.

El país también está atascado en una baja productividad por los pocos años de escolaridad promedio de la población y la ausencia de educación técnica media y superior. La economía crece a una tasa anual cercana al 4.5%  gracias, como señala mi colega Adolfo Acevedo, al bono demográfico, o sea, crece porque aumenta el flujo de personas que ingresa por primera vez al mercado laboral.

La competitividad empresarial debería ser el tema central de la agenda económica gubernamental. El presidente Daniel Ortega se refirió a los proyectos de riego para las actividades agropecuarias como una necesidad nacional, debido al cambio climático, pero es urgente pasar a la acción. Los servidores públicos también deberían reflexionar, entre otras cosas, en la transferencia de tecnología a las microempresas y pequeñas empresas y facilitarles simultáneamente el acceso al crédito, vincular la inversión extranjera directa con los productores nicaragüenses, y reducir la informalidad del mercado. Para ello será necesario la formulación y aprobación de políticas públicas que enfrenten los problemas estructurales de la economía real, con el fin de acelerar el crecimiento económico del país y mejorar el bienestar de la población.


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