Disminuye la tasa de inversión fija de los agentes económicos del sector privado de Nicaragua

15 09 2015

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De acuerdo con datos oficiales, entre 1991 y 2014 el flujo bruto de la inversión extranjera directa (IED) totalizó el monto de 9 mil 18 millones de dólares. Por el lado de la oferta global del sector real de la economía, la IED se concentró principalmente en las actividades de zona franca, telecomunicaciones y energía eléctrica, las cuales participaron con el 60% en el total invertido por empresarios extranjeros en la economía nicaragüense durante los últimos 24 años. La evidencia empírica indica que si el flujo de la IED aumenta 1%, la producción de bienes y servicios se incrementa 0.2%.

Las actividades económicas del país que han tenido menos IED en el período antes mencionado son las de construcción, con 71 millones de dólares, pesca con 112 millones de dólares y agricultura con 155 millones de dólares. Por país de origen, el flujo bruto de IED provino principalmente de Estados Unidos (19.4%), México (13.6%) y Canadá (10.4%).

Por el lado de la demanda global, el flujo bruto de la IED ingresa al sector real de la economía a través del gasto del sector privado en la construcción y en la adquisición de maquinaria y equipo, es decir, del gasto de inversión fija, que constituye el motor principal del crecimiento económico de un país en vías de crecimiento y desarrollo económico, como es el nuestro.

Se conoce. y es de fácil demostración, que el ritmo de la tasa de crecimiento económico de Nicaragua de 4% promedio anual en el período arriba señalado es insuficiente para reducir los problemas del subempleo, desempleo y pobreza. La economía debería crecer, al menos, 6% anual para reducir en 1 punto porcentual la elevada tasa de desempleo global, que es superior al 25% de la población económicamente activa al incluir al total de desempleados abiertos, que no trabajan en ningún momento, y al total de los desempleados “equivalentes” asociados con el subempleo, que trabajan menos de 8 horas diarias, y que afecta al 50% del total de ocupados con el país.

Si la tasa de crecimiento económico del país es insuficiente, es obvia la presencia de una baja tasa de inversión fija, o sea, la razón inversión fija/PIB, tanto del sector privado como del sector público. Dicho sea de paso, siempre sobre la base de datos oficiales, la inversión pública apenas oscila entre 5% y 6% del PIB en los últimos 6 años. Por su parte, la tasa de inversión fija del sector privado, que incluye el creciente flujo bruto de la IED, disminuyó casi 3 puntos porcentuales del PIB entre 2012 y 2014, al pasar de 25.5% a 22.7% en ambos años.

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La menor tasa de inversión fija privada se puede explicar con la marcada caída del esfuerzo inversionista de los agentes económicos del sector privado nicaragüense, al desplomarse su tasa de inversión fija (en porcentajes del PIB) desde 15.3% en 2007 hasta 8.8% en 2014, mientras que la tasa de inversión fija de los agentes económicos extranjeros aceleró su crecimiento desde 5.1% en 2007 hasta 12.3% en 2014.

Además, la participación del gasto de inversión en construcción y maquinaria y equipo de los agentes económicos oriundos de Nicaragua en el total de la acumulación privada de capital fijo del país se ha venido reduciendo desde 75% en 2007 hasta 42% en 2014, pero el flujo bruto de la IED se ha elevado de 382 millones de dólares en 2007 a 1 mil 447 millones de dólares en 2014 y ha elevado su participación en el total de la acumulación privada de capital fijo en el mercado local de 25% a 58% entre ambos años. Se pueden extraer varias lecciones del comportamiento de la estructura de la inversión fija y del  comportamiento de la tasa de inversión fija del sector privado del país. A continuación se comenta algunas de esas lecciones.

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El crecimiento económico de Nicaragua depende también de incrementos significativos de la competitividad de los productores nicaragüenses, que es un tema que aún no ocupa una posición central en la agenda gubernamental. La baja competitividad empresarial, que se traduce en altos costos por unidad de producción, restringe la inversión fija del sector privado. Esto exige –entre otras cosas- ofrecer más educación técnica, realizar más transferencia de tecnología a las empresas del país, atraer empresas extranjeras y vincularlas a cadenas de producción locales, crear posibilidades para financiamientos de largo plazo, mejorar la infraestructura económica del país, mejorar la administración de la justicia y crear incentivos para que los productores mejoren su productividad.

Las políticas macroeconómicas podrían facilitar la renovación de la infraestructura tecnológica para empresas productoras de bienes y servicios no solo para la exportación sino también para el consumo interno, ya que en Nicaragua se observa una política fiscal con un gran sesgo exportador mediante la concesión de incentivos fiscales. El objetivo fundamental, en este caso, es promover la inversión, principalmente entre las pequeñas y medianas empresas.

También es importante no descuidar el mercado interno, porque la mejora del bienestar social requiere la generación de más ingresos entre la población. Un aumento en la productividad de las actividades agropecuarias y agroindustriales orientadas hacia el mercado interno tiene dos consecuencias muy positivas para la competitividad internacional: un aumento en la productividad de los llamados ‘bienes-salario’ permitirá incrementar los salarios reales de los trabajadores empleados en los sectores exportadores a bajos costos financieros para las empresas, reforzando la competitividad de las mismas empresas y, por otro lado, mejorar la tecnología y la productividad de los productores locales facilita su encadenamiento con empresas exportadoras, permitiendo a éstas realizar economías en la compra de insumos y aumentando el efecto multiplicador de empleo en la economía de Nicaragua.

Se necesita una política industrial orientada hacia la existencia de una estructura industrial diversificada y bien integrada, con empresas de grande, mediana y pequeña dimensión subcontratando, cooperando y compitiendo entre ellas. Un tejido industrial diversificado tiende también a ser más competitivo y menos vulnerable a los choques económicos.

Finalmente, gran parte del empresariado nicaragüense busca una acumulación simple, la minimización de los riesgos, la protección del Estado y encontrar formas de poner barreras a la entrada de nuevos competidores en su sector. Nicaragua necesita urgentemente de empresarios de estilo moderno, como los entiende el economista austríaco Joseph Schumpeter, innovadores que arriesguen capital y que reinviertan sus utilidades.

Si los empresarios nicaragüenses mantienen  su actual conducta inversionista y tomando en cuenta el actual ritmo promedio anual con que aumenta desde 2007 la participación de la IED en el total de la acumulación fija del sector privado, en 2019 el gasto anual de la inversión fija privada de Nicaragua estaría casi exclusivamente en manos extranjeras.


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