La sostenibilidad de la pobreza en Nicaragua

10 08 2015

Presentación1

En Nicaragua ha bajado la pobreza extrema pero ha subido la pobreza, porque, por un lado, una persona pobre extrema que ha dejado esa condición no puede enfilarse rápidamente entre los no pobres sino que engrosa la fila de los pobres y, por otro lado, es evidente la reducción del número de personas que tienen medianos ingresos, es decir, la clase media, quienes, en su mayoría, no han incursionado hacia el reducido grupo que ostenta los más altos ingresos en el país, el ya mundialmente famoso 1%, sino que se han desplazado en una dirección contraria, hacia el ejército de los pobres, o han emigrado a otros países en búsqueda de mejores oportunidades laborales y mayores ingresos.

Se nota que las políticas económicas y sociales de la actual administración pública han tenido éxito en la disminución de la pobreza extrema, pero algunos empresarios y gran parte de la oposición política han olvidado que, debido a la baja productividad de la economía nicaragüense, la reducción del subempleo, el desempleo y la pobreza demanda, de acuerdo con la evidencia empírica, una tasa anual de crecimiento económico de, al menos, 6% y mantenida en forma consecutiva en el largo plazo.

Sobre la base de datos oficiales, Nicaragua mostró ritmos de crecimiento económico promedio anual de 4.0% entre 1994 y 2014, de 3.5% entre 2000 y 2014 y de 3.6% entre 2006 y 2014, que al ser inferiores al nivel clave de 6% acusan una insuficiente inversión, menos empleo y menos ingreso. Además, el crecimiento económico no es una fuente de convergencia en los ingresos per cápita, y aunque el país, en mi opinión, ya está entrando al estadio de crecimiento de 5% a 6% anual, aún es insuficiente para reducir la pobreza.

En Nicaragua no hay mucha conciencia de, ni existe todavía un debate nacional sobre, el concepto de crecimiento económico pro-pobre. El país ha tenido cuatro estrategias de reducción de la pobreza, pero en ninguna de ellas, incluso en la última denominada Plan Nacional de Desarrollo Humano, se ha discutido a fondo el concepto de crecimiento económico pro-pobre. Este concepto tiene dos interpretaciones principales en la literatura económica (Rob Vos, 2004): una, es pro-pobre todo el crecimiento que sea acompañado por una disminución en valor absoluto de la pobreza, o sea, es pro-pobre cualquier crecimiento en el que los pobres ganen, en valor absoluto; otra, es pro-pobre el crecimiento que conlleva cambios en la distribución del ingreso a favor de los pobres, o sea el crecimiento en que los pobres ganan más que lo que ganarían si todos los ingresos crecieran a la misma tasa. Con la segunda definición podríamos también tener una ‘contracción pro-pobre’, en una situación de contracción en la que los pobres perdieran menos que el resto de la población.

En mi entender, las cuatro estrategias han adoptado la primera definición de las definiciones de crecimiento pro-pobre antes mencionadas arriba, o sea, un concepto de pobreza absoluta, pero, ¿cuál es la medida más adecuada de la pobreza? Un estudiante de primeros años de economía sabe que la medición de la pobreza se realiza con los niveles de ingreso de las personas, y no con los niveles de consumo de cada persona o cada familia. No hay que caer en la trampa de la definición uni-dimensional de la pobreza, por ejemplo en términos de consumo, cómo lo hace el Banco Mundial: un nicaragüense que financia su consumo de 2 mil 454 kilocalorías diarias con donaciones públicas o privadas no es pobre, según el Banco Mundial, lo cual contradice la teoría económica que la pobreza se reduce con inversión, creación de puestos de empleo decentes y generación de ingresos.

A continuación presento algunos números oficiales de Nicaragua relacionados con la población del país, el crecimiento económico, el subempleo, la informalidad del mercado, el poder de compra del salario y la pobreza y riqueza de nuestro país.

La población total del país creció 1.3% promedio anual en el período 2000-2005, saltó a 3.4% en 2006 y cayó a 1.2% promedio anual en el período 2007-2014, por lo cual es fácil deducir que el índice de pobreza de Nicaragua ha bajado considerablemente desde 2006, porque se infló el dato de la población total del país. Por lo tanto, es obvio que el índice de pobreza de 2014 que resulte de la VI Encuesta de Medición de Nivel de Vida (EMNV) será menor que el del año de 2009 obtenido con la V EMNV.

La proporción del total de ocupados que están subempleados, o sea, los ocupados que trabajan menos de 8 horas diarias o que ganan menos que el salario mínimo legal, fue igual a 33.3% en 2006 y subió a 48.3% en 2013.

La proporción del total de ocupados que labora en empresas que no tienen registros contables, es decir, que no pagan impuestos ni cotizan la seguridad social, mejor dicho el mercado informal, se expandió de 63.3% en 2006 a 79.4% en 2013.

Tomando en cuenta que el 95% del empleo total fue generado por el sector privado en 2014, el poder adquisitivo del salario promedio anual de los trabajadores que laboran en las empresas se deterioró 1.4% promedio anual (en términos acumulados, 19.0%) durante el período 1999-2014.

La cobertura del salario promedio nacional sobre el costo de los 23 alimentos que integran la canasta oficial de 53 productos de consumo básico disminuyó de 109.3% en 2011 a 103.8% en 2014.

Con un déficit habitacional de 90% (900 mil viviendas) según el IV Censo de Vivienda realizado en 2005, los datos de ingresos de la V EMNV de 2009 ayudan a demostrar que el 70% de las familias de Nicaragua no pueden comprar una vivienda de interés social. Además, con los mismos datos de ingresos de la V EMNV 2009 se puede concluir que el 77% de las familias no es sujeto de crédito en el sistema financiero nacional, el 20% de la población que tiene mayores ingresos se apodera del 51.4% del ingreso nacional y el 20% de la población que tiene los menores ingresos apenas capta el 4.8% del ingreso nacional.

Con el ánimo de resolver los problemas estructurales del mercado de trabajo del país, reitero algunas sugerencias que también he presentado públicamente hace varios años, tales como la formulación de políticas de empleo entre el gobierno, los gremios de productores y los sindicatos; promover la educación técnica media y superior para elevar la productividad laboral; transferir tecnología a las MIPYMEs; fortalecer el Banco de Fomento “Produzcamos”, hoy autorizado a tener una propiedad mixta pública-privada, con el fin de transferir crédito y tecnología a un bajo costo; legislar para la igualdad salarial de hombres y mujeres en el mismo puesto de trabajo; y reducir los trámites burocráticos para la creación de empresas.

Allí están los números oficiales de la historia económica reciente de Nicaragua, pero el empresario César Zamora, sin mostrar un solo guarismo, dio a entender públicamente el jueves de la semana pasada que mis recientes comentarios sobre la situación de la pobreza en Nicaragua son perversos porque en el fondo es un ataque al gobierno y al sector privado, un craso error del empresario porque mis críticas a la política económica nacional y a los agentes económicos siempre han sido constructivas y persiguen el bien común y el desarrollo de la empresa privada.

No hay que engañar a la población nicaragüense diciéndole que el crecimiento económico del país es pro-pobre y que ha beneficiado más a las clases sociales bajas del país. En Nicaragua no se ha considerado, mucho menos debatido, el concepto de crecimiento económico pro pobre en las estrategias de reducción de la pobreza. Aparentemente, el empresario César Zamora ignora que los conceptos oficiales incorporados en las estrategias de reducción de la pobreza que ha tenido Nicaragua han sido “crecimiento económico de base amplia” (ERCERP), “crecimiento económico basado en el concepto de competitividad y el desarrollo de 8 conglomerados” (PND y PNDO), y “crecimiento económico con incremento del trabajo y reducción de la pobreza y la desigualdad” (PNDH). Más bien, habría que estimular un proceso de discusión sobre el significado, las posibilidades y las implicaciones prácticas del crecimiento pro-pobre en la Nicaragua de hoy.

El mismo estudiante de primeros años de economía sabe y puede demostrar que no existe una relación automática entre crecimiento económico y reducción de la pobreza. Este paradigma económico se descartó de la teoría económica desde hace varios años, así como ha quedado enterrado el Consenso de Washington en noviembre de 2010 por el Grupo de los 20 (G-20) en la Cumbre de Seúl.

Ningún economista serio tampoco argumentará a favor del “efecto derrame”, o de “la teoría del goteo”, conocidos en inglés como “the trickle down effect”, que señala a las capas sociales más bajas como las mayores beneficiarias del crecimiento económico, una teoría muy extendida en los años noventa del siglo pasado y una torpeza que calma la conciencia de algunas personas dada la situación económica en la que viven otros seres humanos, que creó pocos ganadores y muchos perdedores principalmente en los países latinoamericanos. Al respecto resulta relevante el principio del balde agujereado, planteado en 1975 por el economista Arthur Melvin Okun, conocido principalmente por la ley de Okun y jefe del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de los Estados Unidos Lyndon B. Johnson, de que “el dinero es transportado de los ricos a los pobres en un balde agujereado, de manera que una porción desaparece en el trayecto”. Reducir la desigualdad de los ingresos no es suficiente con el crecimiento económico, por lo cual es necesario que el Estado active las políticas de bienestar social.

Cada quien es dueño de sus aciertos y errores, y también merece respeto, y el empresario César Zamora siempre tendrá mis respetos. La economía y la política van de la mano y tengo mi propia ideología y preferencias políticas, que son visibles con mis sugerencias sobre la política económica y social de Nicaragua. Sin embargo, nunca he pertenecido a ningún partido político.


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One response

13 08 2015
Arnulfo Urrutia

Creo que descalificar las opiniones es perder la oportunidad de enriquecer el análisis desde diferentes ópticas. No siempre coincido con las apreciaciones de Nestor (mi maestro), pero esta vez comparto con él, en el sentido de evitar el error de medir la variación de la pobreza, únicamente por el nivel de consumo. Saludos.

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