La crisis económica de Grecia persiste

20 07 2015

Presentación1

La crisis económica de Grecia continúa porque la Comisión Europea se mantiene reacia a responder la solicitud griega de reestructurar y conceder una “quita” de su deuda externa, que le impide el crecimiento económico y, por ende, el pago de la deuda. Aunque la solicitud de condonación de la deuda griega ya fue rechazada por Alemania con el argumento del cumplimiento de los Tratados, Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), afirmó tardíamente que la “aguda” crisis de Grecia exige una reestructuración de la deuda y que una “quita” es inevitable.

La actual crisis económica griega trae al presente recuerdos de la crisis económica nicaragüense de los años noventa del siglo pasado. Estas dos crisis tienen la coincidencia de que ambos países mostraban un severo endeudamiento público externo en términos de producción, pero también reflejan una diferencia: Nicaragua era un país muy pobre y Grecia es un país de economía avanzada y, como tal, es el primer país desarrollado que ha caído en mora con el FMI al incumplir el pago de 1 mil 600 millones de dólares el 30 de junio de 2015.

El haber sido un país muy pobre y severamente endeudado le valió a Nicaragua ser beneficiada con dos iniciativas de reducción de la deuda externa, la de Países Pobres Muy Endeudados (PPME o HIPC) y la del Alivio de la Deuda Multilateral (IADM o MDRI), pero tuvo que someterse a tres programas económicos trienales de ajuste macroeconómico y de reformas estructurales del Fondo Monetario Internacional (FMI), dos de ellos denominados “ESAF” en las administraciones de la Sra. Violeta Barrios vda. de Chamorro y Dr. Arnoldo Alemán, y uno llamado “PRGF” en la administración del Ing. Enrique Bolaños.

Todo “ajuste” económico tiene un costo social, que es el desempleo y la profundización de la pobreza. Para Nicaragua, ese costo social se maximizó en 1993 con un total de desempleo abierto y de desempleo equivalente asociado con el sub empleo igual a 31% de la población económicamente activa y con un índice de pobreza de 50.3% de la población total del país. Sin embargo, con las dos iniciativas antes mencionadas, Nicaragua logró, entre otros resultados macroeconómicos, la reducción de la pesada carga de su deuda pública externa desde 303% del Producto Interno Bruto (PIB) en 1994 hasta 46% del PIB en 2007, aunque el saldo adeudado por el Estado de Nicaragua a los acreedores externos aún incluye casi un millardo de dólares pendiente de reestructuración con varios países que no son miembros del Club de París con la Iniciativa HIPC.

Sin embargo, el “no ajuste” económico también tiene un costo social que, en el caso de Nicaragua, fue la hiperinflación. Según mis cálculos con base en datos del extinto Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la hiperinflación nicaragüense duró cuatro años (abril 1987-abril 1991) con una tasa de inflación promedio mensual de 46% y una tasa de inflación máxima anualizada de 4.92(10)8 %, antecedida, en orden de importancia, por las de Hungría II (agosto 1945-julio 1946), Grecia (noviembre 1943-noviembre 1944) y Alemania (agosto 1922-noviembre 1923).

De acuerdo con datos del FMI y de la Comisión Europea, Grecia tiene un PIB que ha caído 26% desde 2007; el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos se redujo de 14% del PIB en 2008 a 1% del PIB en 2014; la deuda externa de 266 mil millones de dólares es equivalente a 180% del PIB, muy abultada por la corrupción, la evasión fiscal y la mala gestión de los anteriores gobiernos griegos, siendo los acreedores más importantes Alemania, Francia e Italia; el déficit fiscal se redujo de 15% del PIB en 2009 a 3% del PIB en 2014; la tasa de desempleo abierto es 26% y el 50% de los jóvenes está desempleado; y el 40% de los niños vive en pobreza.

Esos indicadores económicos y sociales demuestran que en Grecia se impulsó el ajuste fiscal y el ajuste de las finanzas externas, pero esos ajustes no estuvieron acompañados de un aumento de la producción, una reducción del desempleo abierto y una disminución de la pobreza. En otras palabras, Grecia ha realizado disminuciones de salarios, pensiones, gasto público y regulaciones, y aumentos de impuestos y privatizaciones, pero está inmersa en una recesión económica.

La política de austeridad de la Comisión Europea continúa firme en el tercer rescate de Grecia, el cual se distingue por el aumento del impuesto del valor agregado en tres tramos (23% para restaurantes y abastecimiento, 13% para hoteles y productos de consumo básico, y 6% para medicamentos, libros y teatro) y del impuesto a las sociedades de 26% a 28%, la aplicación de impuestos a los artículos de lujo y anuncios de televisión, y la reducción de la exención del 30% del IVA en las islas griegas que se completará a finales de 2016; aumentar la edad de jubilación hasta los 67 años en 2022, eliminar la pensión solidaria para los más desfavorecidos en diciembre de 2019; reducir el gasto militar en 100 millones de euros en 2015 y en 200 millones de euros en 2016; privatizar la empresa de telecomunicaciones OTE y completar el proceso de privatización de los aeropuertos regionales y de los puertos del Pireo, Tesalónica y Hellinikon para pagar el tercer rescate; lograr un superávit primario del presupuesto nacional de 1% del PIB este año, 2% del PIB en 2016 y 3% del PIB en 2017; y realizar una reforma laboral que incluya la revisión de la negociación colectiva para finales de 2015. La reestructuración de la deuda externa griega será posible hasta el primer examen del rescate y en ningún caso habrá “quitas” de deuda.

Grecia necesita entre 74 mil millones y 78 mil millones de euros para llenar el agujero financiero entre el 1 de julio de 2015 y el 30 de junio de 2018, mientras que la antigua “troika” lo estima en 86 mil millones de euros. Con esa estrategia de austeridad permanente y con la entrega aprobada de 53 mil 500 millones de euros para pagar deudas y evitar la quiebra del sistema bancario griego, es bastante improbable que se dé un robusto crecimiento económico en Grecia. Con más razón, el crecimiento económico no será posible si la Comisión no cede en la reestructuración de la deuda externa griega que incluya una “quita”, debido a que se deben cumplir los Tratados.

También es bastante improbable el establecimiento de una nueva iniciativa para reducir la deuda externa de los países ricos muy endeudados por parte de la Unión Europea. A un país que integra el G-7, Estados Unidos, sólo le preocupa el “error geopolítico” de que la pérdida de autoridad de la Unión Europea en Grecia sea sustituida por Rusia y China en el mediano plazo.

Todavía puede haber sorpresas, porque continúa latente la salida de Grecia de la Eurozona, que en caso de darse sería un nuevo problema para Grecia y para el proyecto de la moneda única europea. Ya se demostró que sin el alivio de la deuda externa, la política de austeridad está condenada al fracaso.

El gobierno de Alexis Tsipras ha quedado por un plazo de tres años, prácticamente el tiempo que le queda de su mandato, bajo la tutela de la vieja “troika” integrada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI, que ahora se denomina “las instituciones”, con el fin de supervisar el fondo de privatización del acervo público destinado al pago del tercer rescate.


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: