El “sí” o el “no” de los griegos no será agradable

5 07 2015

Presentación2

Una respuesta positiva del pueblo griego en el referéndum de este domingo 5 de julio de 2015 sobre la aceptación del programa económico propuesto por la “troika”, integrada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), tendría consecuencias ya conocidas en el mundo, es decir, más ajuste macroeconómico consistente en continuar reduciendo el exceso de la  demanda interna (consumo e inversión) sobre la producción interna de bienes y servicios (PIB) con una deuda externa insostenible.

La consecuencia que gane el “sí”, preferido por todos los gobernantes europeos excepto el gobierno de Grecia, es que la “troika” continuará exigiendo elevar impuestos, reducir gastos, aumentar la edad de jubilación e incrementar el ahorro primario (antes del registro del pago de intereses de la deuda gubernamental) del presupuesto hasta 3.5% del PIB en 2018. Sin embargo, la tarjeta de presentación de estas medidas económicas es que el ajuste emprendido desde hace cinco años en Grecia ha provocado el desplome de 25% de su PIB y una tasa de desempleo de los jóvenes de 60%.

Con el “sí” seguramente se fortalecerían las ambiciones de varios políticos de la Eurozona, excepto en Grecia porque probablemente tendrían que renunciar el Primer Ministro Alexis Tsipras y su Ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, quienes ya han solicitado a la Comisión Europea la reestructuración de la deuda pública externa y una mayor gradualidad del ajuste para evitar la prolongación y la profundización de la crisis.

Si el pueblo griego rechaza la propuesta económica de la “troika”, o sea, que gane el “no”, nos conduciría a un terreno desconocido en la literatura económica, porque se enfrentarían la arrogancia política contra la sensatez económica. Por ejemplo, un rechazo de esa propuesta podría implicar el riesgo de que el BCE no provea de liquidez a Grecia para normalizar las transacciones económicas, financieras y comerciales del país helénico, lo cual provocaría la quiebra económica de una nación. Cabe recordar que gran parte de los préstamos entregados a Grecia no han quedado en Grecia sino que ha servido para pagar las deudas principalmente a bancos alemanes y franceses, el gobierno de Alexis Tsipras aún tiene que pagar 29 mil millones de euros entre 2015 y 2017, entre ellos 9 mil 612 millones al FMI, y ha pedido a sus acreedores un tercer rescate “para poder hacer frente a sus pagos”, pero la canciller de Alemania, Angela Merkel, ha dejado claro que antes del referéndum no habrá negociación.

Este problema europeo tendría que ser resuelto por los europeos, por Grecia y todos los países que han adoptado el euro. El costo social del ajuste económico, mejor dicho de la irritante y prolongada austeridad, ha sido tremendo en Grecia con las caídas de la producción y la vertiginosa alza del desempleo, aunque no debemos olvidar que no ajustar la economía también tiene un gran costo que se refleja con la hiperinflación, pero la inflación no ha sido un problema después de la recesión económica de 2008-2009 que aún persiste en el mundo.

Como economista, nunca me he ilusionado en gran forma con la política, pero siempre será mejor un acuerdo que no tener un acuerdo. El triunfo del “no” comenzó a ser torpedeado con el hipotético caos económico de que el corralito se extendería en el corto plazo y el gobierno se vería obligado a emitir y devaluar el dracma, -la moneda de Grecia antes de que adoptara el euro-, pero el gobierno de Grecia nunca ha manifestado que desearía abandonar la Eurozona ni el euro.

Alexis Tsipras llegó al poder en Grecia por su compromiso de terminar con la austeridad que ha deprimido al pueblo griego. Con ese mandato que le dieron los ciudadanos griegos, ya habría rechazado el programa económico de la “troika”, pero decidió convocar a un plebiscito para demostrar al Eurogrupo, en el caso que gane el “no”, que tiene el respaldo popular de negociar un nuevo programa económico para que Grecia construya un futuro mejor en vez de seguir hundiéndose en la depresión económica.

El Eurogrupo sabe muy bien que el Consenso de Washington, el decálogo presentado en 1989 por John Williamson, economista del Instituto Peterson de Economía Internacional, continua siendo aplicado por el FMI con sus programas de ajuste en Grecia, pero ya fue enterrado en la V Reunión de los Jefes de Gobierno del Grupo de los 20 (G-20) realizada en Seúl, Corea del Sur, el 11 y 12 de noviembre de 2010, con el alcance de un acuerdo sobre el Consenso de Seúl para el Desarrollo. Vale recordar que el ex primer ministro británico Gordon Brown, después de la Cumbre del G-20 de Londres en 2009, declaro que “el viejo Consenso de Washington está terminado”, en una clara alusión del por qué se dio la gran recesión económica mundial de 2008-2009.

El Eurogrupo, que no tiene una línea presupuestaria específica para los países que han adoptado el euro, también podría no continuar imponiendo sino dando incentivos a los países de la Eurozona para que realicen las reformas estructurales de sus economías. El euro no tiene un ministro o un ministerio de Finanzas, por lo cual el Eurogrupo también podría considerar la creación de un Fondo Monetario Europeo.

El FMI no ha mostrado un gran interés por los indicadores sociales como el interés sobre las reservas internacionales, el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, el déficit fiscal y la emisión de dinero; además, no es su especialidad evaluar el bienestar de la población de los países sujetos a sus programas de ajuste económico y de reformas estructurales. El FMI es un especialista en asuntos monetarios y fiscales, y en esos balances el crecimiento económico de un país es un dato exógeno. Por esto, sería conveniente que el Eurogrupo establezca condicionalidades y metas sociales a los gobiernos de la Eurozona para la aprobación de sus exámenes económicos, lo cual implicaría la armonización de las políticas sociales en los países del euro.

Ni el “sí” ni el “no” serán agradables para el pueblo griego, pero creo que el “no” será mejor para Grecia, siempre que tenga el respaldo político y económico de la Eurozona. La imposición de un desempleo masivo, el incremento de la pobreza y el aumento de las desigualdades en los países con economías avanzadas, como es la Eurozona, no corresponden a un programa económico responsable.


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