Un desahogo económico

23 05 2015

Presentación1

El flujo anual de las remesas familiares a Nicaragua mostró su primera y única caída de 6.1% en el año de 2009, al reflejar el nivel de US$768 millones como un resultado de la recesión económica mundial provocada por la quiebra de la banca de inversión de Wall Street, a partir de septiembre de 2008 tras la desaparición de Lehman Brothers.

El mundo no se ha librado aún de dicha recesión. Estados Unidos, con una tasa de desempleo actual de 5.4% que está por encima del rango de 5.0% y 5.2% que corresponde a la tasa de pleno empleo, su crecimiento económico es moderado y su tasa de inflación se mantiene por debajo  del 2% debido a la caída temporal del precio del petróleo WTI. Al otro lado del Atlántico, la economía de la Eurozona se encuentra prácticamente estancada, su tasa de desempleo sigue anclada en 11% y su tasa de inflación se aceleró hasta 2.5% por el aumento del costo del crudo Brent.

Sin embargo, las remesas a Nicaragua han mantenido un continuo aumento anual desde 2010, de tal forma que en 2014 crecieron 5.4% y ascendieron a US$1,136 millones equivalentes al 9.6% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Esto se explica con el hecho de que la economía de Estados Unidos es la que ha mostrado el mejor desempeño productivo entre los países de economía avanzada y, al menos, el 60% del total de las remesas a Nicaragua procede de dicho país.

Según datos del documento “Las remesas a América Latina y el Caribe superan su máximo valor histórico en 2014” del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), Miembro del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo (BID), 21.8 millones de migrantes originarios de América Latina y el Caribe residían en Estados Unidos al cierre de 2014, y el 15.7% de ellos, o sea, 3.4 millones de migrantes, provenía del istmo centroamericano.

El trabajo de los migrantes centroamericanos se concentró principalmente, en el caso de los hombres, en las actividades de la construcción y mantenimiento, y en el caso de las mujeres, en las actividades de servicios como comercio y ocupaciones de oficina. La causa de esta concentración laboral es que el 57.9% de los migrantes centroamericanos tienen una escolaridad menor a la de graduado de educación media superior y el 87.4% de los mismos se encuentra en edad de trabajar, es decir, entre 18 y 64 años de edad. De todas maneras, si aumenta la producción de la primera economía mundial, el desempleo hispano disminuye y se eleva el monto total de las remesas.

De acuerdo con datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), en 2014 las remesas que ingresaron a nuestro país financiaron el 47.3% del déficit comercial de bienes con el exterior, uno de los más elevados de Latinoamérica al representar el 20.3% del PIB en el año pasado. Además, sólo el 9.2% del total de las remesas, US$104.1 millones, ingresó al país a través de canales informales, o sea, remesas de bolsillo, mientras que 90.8% restante, US$1,031.7 millones, fue canalizado a través de las agencias de remesas y los bancos comerciales.

Los principales países originarios de las remesas a Nicaragua en 2014 fueron Estados Unidos (58.6%), Costa Rica (21.7%), España (5.9%), Panamá (3.5%), El Salvador (1.3%), Canadá (0.9%) y México (0.6%). Los montos promedio de las remesas por país fueron los siguientes: Estados Unidos, US$220.7; Costa Rica, US$246.7; y España, US$293.1. Los departamentos que concentraron el 70% del total de remesas recibidas fueron Managua (38.0%), Chinandega (11.0%), León (8.0%), Estelí (7.0%) y Matagalpa (6.0%).

Cabe entonces destacar que las remesas no sólo constituyen un alivio macroeconómico al representar casi el 10% del PIB y financiar casi el 50% del grave desequilibrio del balance comercial de bienes con el sector externo, sino también un alivio microeconómico al financiar el gasto de consumo de muchos nicaragüenses. Tomando en cuenta el monto promedio de cada remesa proveniente de cada uno de los tres países arriba mencionados, el monto promedio anual nacional de una remesa fue igual a US$200, mientras que el salario mínimo legal promedio simple era equivalente a US$174 y el salario promedio anual, a US$314, en ese mismo año.

Se puede concluir que el importante flujo de remesas a Nicaragua también fortalece la histéresis del desempleo global, porque los subempleados y los desempleados podrían acostumbrarse a no trabajar, o sea, podrían trabajar menos de ocho diarias o abandonar definitivamente a la población económicamente activa del país al desanimarse por no encontrar un puesto de trabajo formal en nuestro mercado laboral. Esta situación se agrava con la creencia empresarial de que una persona que ha permanecido mucho tiempo desempleada ha perdido sus destrezas físicas e intelectuales necesarias para trabajar y, en consecuencia, no puede ser contratada. En la historia económica reciente de Nicaragua, la tasa de desempleo global oscila entre 24% y 30% de la población económicamente activa, por lo cual también será difícil romper este círculo vicioso.


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