¿Es eficaz la política cambiaria de Nicaragua?

9 05 2015

Presentación1

“Las palabras deberían ser un poco salvajes, porque son el ataque de los pensamientos contra la falta de reflexión”.

John Maynard Keynes

La autoridad monetaria de nuestro país no puede reducir el precio de los bienes nacionales en relación con el de los bienes extranjeros, porque la devaluación nominal del córdoba no sirve para conseguir su devaluación real debido principalmente a la prevalencia de la cláusula de mantenimiento de valor. La experiencia de la hiperinflación en Nicaragua, 1347% en 1987, 33548% en 1988, 1689% en 1989, 13490% en 1990 y 866% en 1991, fue la cárcel de la cláusula de mantenimiento de valor, que se estableció con el vano intento de elevar la confianza del público no bancario para que depositara córdobas en el sistema financiero nacional: el saldo de los depósitos en moneda extranjera, como porcentaje del saldo total de los depósitos, se elevó de 10.1% en diciembre de 1991 a 75.6% en diciembre de 2014.

La proliferación de los mecanismos de indexación de los precios en córdobas con el tipo de cambio oficial impidió la búsqueda de la competitividad de las exportaciones a través de la depreciación real de nuestra moneda de curso legal y, por consiguiente, la cláusula de mantenimiento de valor constituyó un craso error macroeconómico que anuló la efectividad del BCN para disminuir los déficit de la balanza de pagos de nuestro país.

En otras palabras, con base en datos oficiales la política cambiaria del BCN no puede contrarrestar el exceso de la demanda interna (consumo e inversión) sobre la oferta interna (producto interno bruto), equivalente a 20.7% del PIB y a 2 mil 2 millones de dólares en 2014, por lo que la economía nicaragüense no disminuye su dependencia de los recursos externos. Tomando en cuenta la deuda petrolera contraída con Venezuela desde 2007, que se registra como una deuda del sector privado, Nicaragua continúa siendo un país muy endeudado en términos de producción, no obstante la Comunidad Internacional nos ha condonado deuda pública externa por un monto de 14 mil 542 millones de dólares desde 1985 hasta 2014.

El craso error macroeconómico antes mencionado se manifiesta con el muy elevado déficit comercial de bienes de la balanza de pagos del país. Entre 1990 y 2014 y en porcentajes del producto interno bruto (PIB), la media aritmética de dicho déficit comercial es del orden del 22.7%, su nivel máximo fue 32.0% en 1992, su nivel mínimo fue 12.0% en 1995 y en los últimos 18 años, o sea, desde 1997, siempre ha sido mayor que el 20%.

Este drama cambiario se consolidó cuando el BCN se convirtió legalmente en un rehén del tipo de cambio el 29 de julio de 2010, al señalar el Artículo 38 de su actual ley orgánica que “En todo contrato podrá establecerse una cláusula por la cual las obligaciones expresadas en córdobas mantendrán su valor con relación a una moneda extranjera. En este caso, si se produce una modificación en el tipo oficial de cambio del Córdoba con relación a dicha moneda, el monto de la obligación expresada en Córdoba deberá ajustarse en la misma proporción a la modificación operada”. Un craso error legal cometido 17 años después del craso error macroeconómico, porque se oficializó la excesiva dolarización extraoficial de la economía que ha provocado la pérdida del control de la política cambiaria.

Por todo lo expuesto anteriormente, se puede notar que la política cambiaria de Nicaragua no ha sido eficaz. Una política cambiaria eficaz es aquella que estimula las exportaciones, desestimula las importaciones y reduce el déficit comercial de la balanza de pagos. En efecto, el BCN no tuvo la capacidad de reducir el crónico desequilibrio comercial de bienes con el exterior en el marco de las condicionalidades del ajuste macroeconómico y de las reformas estructurales de la economía de Nicaragua, con cuatro programas trienales suscritos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que se ejecutaron entre junio de 1994 y diciembre de 2012.

Sin embargo, hay buena evidencia que sugiere que la dolarización financiera de la economía nicaragüense está de hecho asociada con un uso limitado de flexibilidad del tipo de cambio. La actual volatilidad del tipo de cambio nominal mensual, es decir, la desviación estándar del tipo de cambio oficial como porcentaje de su media aritmética, en una muestra de 156 observaciones correspondientes al período enero 2002-diciembre 2014, es una línea recta que representa su tasa de devaluación nominal mensual de 0.4%, que es muy cercana al 0%. En otras palabras, el tipo de cambio oficial del córdoba muestra poca volatilidad.

Una mayor flexibilidad del tipo de cambio de dos vías puede inducir a la disminución de los depósitos y de los préstamos en moneda extranjera, ya que aumenta el riesgo por tenencia de activos en moneda extranjera. Un tipo de cambio más flexible, que pueda moverse en cualquier dirección dentro de una banda haría más evidente el riesgo cambiario e introduciría un desincentivo a la dolarización financiera. El impacto sería diferente dependiendo de la dirección de la tendencia del tipo de cambio: la expectativa de devaluación aumentaría la dolarización de los pasivos (depósitos) y la sustitución de monedas, mientras que la expectativa de apreciación sería la dolarización de activos (préstamos).

Habrá que desmantelar los mecanismos de indexación de precios con el tipo de cambio y será necesario indexarlos con el índice de precios al consumidor (IPC), una medida menos intrusa basada en el mercado, y habrá que vencer el miedo para adoptar una banda cambiaria, pero sólo como un complemento y no como un sustituto de las reformas monetarias necesarias. Por razones de la eficiencia de la economía, deberá mantenerse algún nivel de dolarización deseable en un entorno prudencial adecuado, de tal forma que internalice adecuadamente el riesgo de los préstamos en dólares.

La excesiva dolarización extraoficial del mercado local persiste aún con el restablecimiento de la estabilidad macroeconómica y con la credibilidad de las políticas gubernamentales, o sea, cuando las causas originales de la dolarización han sido eliminadas. Por lo tanto, para lograr la corrección de la política cambiaria de Nicaragua, el BCN requerirá una profunda reforma estructural y el fortalecimiento de su capacidad técnica y financiera.

Con la estabilidad macroeconómica, la tarea de los formuladores de las políticas monetaria, cambiaria y financiera sería la construcción de un mayor espacio tanto para para el córdoba como para una sólida política monetaria, más simétrica y menos restringida y, por supuesto, también comprendería la compatibilidad de la política fiscal con dichas políticas en cuanto al mantenimiento de un bajo déficit fiscal y la administración de la deuda pública.

Por supuesto que también habrá que fortalecer las normas prudenciales del sistema financiero nacional para promover su competitividad, internalizar completamente los riesgos de la intermediación en moneda extranjera y proporcionar más espacio para la nueva política monetaria, así como desarrollar la Bolsa de Valores de Nicaragua (BVN) con oportunidades más flexibles de inversión alternativa a los crecientes depósitos en dólares, que ya superan los tres millardos de dólares, y alentar el desarrollo de la base de inversionistas locales que podrá apoyar la demanda de instrumentos de largo plazo en córdobas.

Ante las sugerencias monetarias, cambiarias y financieras que planteé en el “Seminario de Política Monetaria y Estabilidad Financiera” que realizó el BCN en septiembre de 2014, el colega Dr. Alejandro Martínez Cuenca, miembro del Consejo Directivo del BCN, irreflexivamente me refutó diciendo que yo estaba proponiendo un caos.

Espero que el colega Dr. Martínez Cuenca, después que lea mis opiniones vertidas en mis artículos económicos “¿Existe una pollítica financiera nacional?, ¿Sirve la política monetaria de Nicaragua? y éste que intitulo “¿Es eficaz la política cambiaria de Nicaragua?”, pueda comprender que nuestra nación siempre ha estado en un “caos” -la microeconomía siempre ha estado bastante mal- y que una minoría está en “orden”. Por esto reitero que la estabilidad macroeconómica está casi excelente, pero es frágil.


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