Cambio en la hoja de ruta de la Fed no afecta a Nicaragua

2 11 2014

Presentación1

Nicaragua no será afectada por la decisión del Sistema de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos de cerrar su tercer programa de compra de activos o bonos (quantitative easing QE3) el 29 de octubre de este año, aunque mantiene su compromiso de dejar las tasas de interés en niveles bajos cercanos a 0%, mejor dicho, entre 0% y 0.25%, durante “un tiempo considerable” especialmente si la inflación sigue por debajo del objetivo del 2% a largo plazo (la tasa de inflación interanual a septiembre recién pasado fue iguala 1.66%). Sin embargo, la Fed confirmó que seguirá reinvirtiendo los beneficios obtenidos al vencimiento de los valores adquiridos con anterioridad, lo que, en su opinión, debería mantener unas condiciones financieras acomodaticias.

La decisión de la Fed implicará que el mercado financiero internacional comience a resentirse de cierta iliquidez, cuestión que será más visible en las economías emergentes al dejar la Fed de imprimir dinero, haciendo subir los tipos de cambio (si los mercados ya se habrán anticipado con la compra de dólares para tenerlos cuando valgan más) aunque momentáneamente se ha postergado el alza del costo del dinero en el mercado estadounidense afectando a los préstamos y los depósitos (de nuevo, si los mercados se están anticipando, las empresas trasladarían sus capitales a los Estados Unidos para obtener más réditos). Se prevé que la tasa de interés inicie su ascenso en el segundo semestre del próximo año -la última vez que la Fed elevó la tasa de interés fue en junio de 2006, cuando las dejó en 5.25%-, de tal manera que el próximo año observaremos menos liquidez y mayores tasas de interés en el mercado financiero internacional.

La Fed inició su programa en diciembre de 2013, con la compra de 85 mil millones de dólares mensuales en bonos con el objetivo de apoyar una recuperación económica más fuerte y ayudar a que la tasa de inflación anual se situara en el nivel de 2%, tal como lo señala su mandato junto al de pleno empleo. En el momento de la supresión gradual de este estímulo monetario, la Fed compraba 15 mil millones en bonos del Tesoro y del sector privado de Estados Unidos.

Un día después del desmantelamiento del masivo programa de compra de deuda de la Fed, se conoció que Estados Unidos, gracias al gasto público y las exportaciones, moderó su crecimiento económico en el tercer trimestre de este año a una tasa anualizada del 3.5%, menor que la de 4.6% correspondiente al segundo trimestre recién pasado, pero es un ritmo de expansión que se considera sólido para la primera economía del mundo ya que se acerca más al crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB) potencial. Este dato se publicó a cinco días de las elecciones a medio mandato para renovar el Congreso estadounidense, pero no podría afirmarse que la economía estadounidense está en expansión: aunque está bien en sus indicadores macroeconómicos, tales como los déficit gemelos –fiscal y en cuenta corriente de la balanza de pagos-, persiste el malestar entre los indicadores microeconómicos, tales como la producción manufacturera y la venta al por menor de los bienes de consumo duraderos y no duraderos.

Nuestro país no pierde ni gana con la reciente decisión monetaria estadounidense, sencillamente porque no visitamos el mercado financiero internacional dada nuestra incapacidad de pago, que se ejemplifica con un perenne déficit comercial externo equivalente y próximo a 21% del PIB. Es muy probable las importaciones se encarezcan, pero las empresas, principalmente las comerciales, ya habrán tomado alguna cobertura, mientras que los exportadores podrían beneficiarse porque los bienes se vuelven más baratos cuando el dólar se aprecia. Sin embargo, ambos efectos se neutralizarían en nuestro entorno económico, por la inefectividad de nuestro régimen cambiario al reptar con una tasa de devaluación diaria de 0.0138%.

Es por eso que sólo tenemos acceso a ventanillas de instituciones multilaterales, tales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Banco Mundial (BIRF/IDA), que nos conceden sólo préstamos muy concesionales de divisas líquidas atadas a programas y proyectos del sector público porque el gobierno de Nicaragua no suscribió el quinto programa económico trienal con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Desde 2012 nuestro país no recibe préstamos de divisas líquidas de libre disponibilidad para apoyo a la balanza de pagos, con el fin de aumentar las reservas internacionales del Banco Central de Nicaragua (BCN); para apoyo presupuestario, destinado a un mayor gasto social; y para realizar las reformas estructurales pendientes, entre ellas la de la seguridad social, la eficiencia del gasto público, reducir la excesiva dolarización extraoficial y buscar una mejor opción del régimen cambiario, arla actualización del régimen cambiario, el mejoramiento de sistema de educación para incrementar la productividad, la reducción de la informalidad del mercado entre otras.

En 2013 Nicaragua contrató préstamos por US$543 millones a un plazo de 27 años más 13 años de gracia y una tasa de interés promedio ponderada de 2.9%, lo cual, según el BCN indica un elemento de concesionalidad de 44%, que es superior al de la condicionalidad de 35% que establecía el cuarto programa económico trienal suscrito con el FMI.  Ser atendidos sólo en ventanillas multilaterales para recibir cooperación oficial muy concesional fue visible cuando el Club de París nos condonó automáticamente la deuda externa de 1 mil 306 millones con la Iniciativa para Países Pobres Muy Endeudados (HIPC) el 23 de enero de 2004, que redujo el monto del servicio (intereses más amortizaciones) de la deuda externa efectivamente pagado desde 355 millones de dólares en 1997 (el servicio contractual era del orden de 1 mil 373 millones) hasta 76 millones de dólares en 2004 (el servicio contractual sumaba 292 millones de dólares).

Hoy el saldo de la deuda externa con acreedores multilaterales participa con el 60% en el total de la deuda externa –en octubre de 2006, cuando surgió la Iniciativa HIPC, participaba con el 28% en el saldo total de la deuda externa pública-, por lo cual es bastante probable que los países ricos acreedores nuestros hayan dicho a los servidores públicos de la administración del Ing. Enrique Bolaños que ya no les debíamos y que no deseaban vernos más tratando de contratar nueva deuda externa.

La ilusión que tuvimos con la Iniciativa HIPC fue que los impuestos liberados del pago de intereses y amortizaciones de esta deuda financiarían exclusivamente los proyectos de reducción de la pobreza de los nicaragüenses, pero fueron desviados por un pequeño grupo de servidores públicos al pago de las quiebras bancarias de 2000 y 2001, una deuda pública interna que fue denunciada por la Contraloría General de la República (CGR) como ilícita y que fue acusada por la Fiscalía General de la República por la vía penal en 2008.

En 2004, el primer año en que Nicaragua recibió la masiva ayuda de no pagar deuda externa, el ministro de Hacienda y Crédito público de ese entonces, Eduardo Montealegre Rivas, dijo públicamente que no existían recursos para financiar el vaso de leche escolar a los estudiantes de primaria. Sin embargo, sí existían recursos para pagar una deuda pública interna onerosa e ilícita, como lo fue la de las liquidaciones de cuatro bancos comerciales en 2000 y 2001, pero su proceso judicial está pendiente porque el ex ministro de Hacienda y Crédito Público y hoy diputado Eduardo Montealegre Rivas se escudó en la inmunidad que le confiere su cargo público.

En conclusión, la hoja de ruta de la Iniciativa HIPC en Nicaragua fue cambiada sin objeciones por su coordinador mundial, el FMI, mediante el invento de una fórmula para determinar el monto del alivio de la deuda que se destinaría al gasto de reducción de la pobreza, en vez de asignarlo totalmente, tal como lo mandó a hacer el Grupo de los 7 (G-7) en octubre de 1996.

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