Siempre hay ganadores y perdedores

4 10 2014

 

Presentación1

El déficit comercial externo de Nicaragua, equivalente a un promedio anual de 20% del Producto Interno Bruto (PIB) a lo largo de los últimos 20 años se explica, en parte, con el índice de sobrevaluación del córdoba y, en parte, con el  problema estructural de la baja productividad de la economía que se refleja con mayores costos de producción que restan competitividad a las empresas nicaragüenses el mercado internacional. Con el córdoba sobrevaluado, es más rentable importar que exportar.

La excesiva dolarización extraoficial de la economía nicaragüense, igual a casi el 70% de la liquidez global, fue promovida por la política cambiaria reptante vigente desde el 10 de enero de 1993, una política de corto plazo que se ha mantenido a lo largo de 21 años en nuestro país, y fue fortalecida por la cláusula de mantenimiento de valor vigente desde marzo de 1991, que se estableció para “promover” la confianza entre los depositantes de córdobas en el sistema financiero nacional.

Esta pronunciada dolarización extraoficial ha convertido al Banco Central de Nicaragua (BCN) en un rehén de su propia política cambiaria -la autoridad monetaria fija el tipo de cambio diariamente-, y su margen de acción se reduce por la proliferación de mecanismos de indexación de precios en córdobas con el tipo de cambio. La dolarización de la economía también ha reducido la política monetaria del BCN, ya que el córdoba, sin el apellido “con mantenimiento de valor” es una moneda marginal en el mercado interno. Además, las tasas de rendimiento de las Letras del BCN subastadas semanalmente en las operaciones de mercado abierto no logran influir a las tasas de interés del sistema financiero nacional, que hoy goza de una gran rentabilidad por el alto diferencial entre las tasas activas, que no apoyan un crecimiento económico sostenible, y las tasas pasivas, que no fomentan el ahorro financiero. Se observa, pues, una impotencia monetaria, cambiaria y financiera del BCN, al limitarse sólo a contar diariamente cuántos dólares mantiene en su bóveda y cuántos córdobas circulan en el mercado.

 

Presentación1

Con la posición actual de las reservas internacionales oficiales del país no es posible establecer en el corto plazo un sistema de tipo de cambio flotante, ni mucho menos dolarizar oficialmente la economía. En economía, nada es regalado, todo tiene un costo. Si se pretendiera dolarizar oficialmente la economía, o sea, sacar de circulación el córdoba y dejar, en este caso, como moneda al dólar estadounidense, ¿tendría el BCN la posibilidad financiera de comprar el numerario y el saldo de encaje en moneda nacional y, además, facilitar el cumplimiento del pago de amortizaciones e intereses de la deuda pública externa e interna?

El profesor y colega José Luis Medal opinó recientemente en su artículo “El debate sobre las políticas económicas” que la alternativa de la dolarización oficial erradicaría el riesgo cambiario, bajaría la tasa de interés y habría más inversiones, lo cual es cierto, y a lo que agrego las ventajas de un mercado financiero más líquido con la desaparición del encaje legal sobre los depósitos en el sistema financiero, una mejor disciplina fiscal al cesar la emisión de córdobas, y la realización de las transacciones con una moneda más segura como reserva de valor.

Sin embargo, la dolarización oficial no es sólo un asunto de saldos sino también un asunto de flujos de divisas líquidas. Con la información oficial actual, el BCN tendría que comprar córdobas “sobrevaluados” en un monto equivalente a 602 millones de dólares (el monto sería menor para dejar en circulación dólares menos “subvaluados” que promuevan efectivamente las exportaciones y el crecimiento económico) y atender en 2015 los pagos del servicio de la deuda pública externa de 150 millones de dólares y del servicio de la deuda pública interna de 400 millones de dólares, con la restricción que el sector público ya no recibe cooperación oficial en divisas líquidas de libre disponibilidad.

¿Podría el BCN financiar estas obligaciones con sus reservas internacionales? No, porque el saldo actual de las reservas internacionales netas ajustadas, que excluye el monto adeudado al Fondo Monetario Internacional (FMI) y los depósitos del encaje sobre los depósitos en dólares y del fondo de garantía de dichos depósitos, es de 1 mil 304 millones de dólares, que están relacionados en gran parte con la cooperación internacional destinada a la ejecución de programas y proyectos del sector público, es decir, no se pueden utilizar para otros fines. También es obvio que ningún país financiaría la dolarización oficial de cualquier economía.

La alternativa de la dolarización oficial de la economía, que es un camino sin retorno, tendría un costo adicional. El precio “correcto” de un bien o de un servicio en una economía global es el precio global, que es el precio razonable de un producto en el mercado internacional, acorde con un costo de producción “correcto” y una calidad excelente. Por el arbitraje, si un empresario nicaragüense produce un bien más caro, el Resto del Mundo le enviará el mensaje que hay muchos productores fabricando ese bien mucho mejor, en una forma mucho más eficiente. Tener un precio “correcto” es, pues, tener una productividad “correcta”.

Con la dolarización oficial las ineficiencias de nuestra economía serían más evidentes, lo cual exigiría la eliminación de actividades económicas y empresas ineficientes, provocando la disminución, en el peor de los casos la contracción, de la producción, el aumento del subempleo y el desempleo y la reducción de los ingresos tributarios. Los empresarios que no puedan producir con mayor tecnología y mayor eficiencia, principalmente los propietarios de microempresas y pequeñas empresas, tendrían que salir del mercado. Por lo tanto, la vía para pagar las ineficiencias o problemas estructurales que persisten en la economía sería la contracción de la economía: un mayor subempleo y desempleo sería el costo social inmediato de la dolarización oficial de la economía nicaragüense. No hay que olvidar que 70 de cada 100 ocupados están subempleados en nuestro país y, por esta realidad, la pregunta de que si la dolarización eliminaría o no la pobreza debe tener una respuesta muy cuidadosa.

Aunque el córdoba tiene una historia de pobre desempeño monetario que deterioró su credibilidad, la consideración política más importante para dolarizar oficialmente la economía nicaragüense es que la población del país no considere al córdoba como un elemento indispensable de la identidad nacional. Por esta razón, la dolarización oficial de la economía no debe ser impuesta por el político en el poder, sino que debe ser consultada a la población. La dolarización oficial debe ser una decisión voluntaria y, como economista, no bastan nuestros consejos.

Con la otra alternativa, que el BCN ejerza efectivamente sus políticas en los ámbitos monetario, cambiario y financiero, no habría que realizar consultas a la población. Simplemente, el Ejecutivo debe hacer cumplir la ley, en este caso la ley monetaria que señala que el córdoba es la única moneda de curso legal en nuestro país. En este escenario, las ineficiencias de la economía se pagan con la devaluación. Ninguna política económica es neutral, porque siempre hay ganadores y perdedores. Como dijera el Padre de la Contabilidad, el fraile Luca Pacioli, “No hay almuerzo gratis, siempre hay un debe y un haber”.


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