La economía, el bienestar y la ética

10 08 2014

Presentación1

Un profesional que siempre está muy cerca de los políticos en el poder es el economista. En la práctica, los aciertos en las tomas de las decisiones políticas son exclusivos de los políticos, mientras que los desaciertos son siempre asignados por los políticos a los economistas. Lo cierto es que el economista propone y el político aprueba y dispone, pero estar cerca del político de turno en el poder no significa que la economía es una cuestión política, porque si lo fuera se reduciría a una mera especulación.

En mis tiempos de estudiante de licenciatura en economía en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, a finales de la década de los sesenta e inicios de la década de los setenta, se debatía si la economía era una ciencia o un arte, o una combinación de ambos. Siempre fui de la opinión que es una ciencia, tomando en cuenta que la teoría que nos dejaba la escuela keynesiana, imperante en el pensamiento económico de esa época, estaba respaldada por las matemáticas y el entorno económico nacional y, por consiguiente, no la considero especulativa.

El objetivo de la economía es satisfacer las necesidades de las personas, de la población en general, y esto es una verdad objetiva frecuentemente adulterada por la falta de ética y por la mediación de los juicios políticos. Por eso, ante las políticas económicas gubernamentales cabe siempre preguntarnos quién se beneficia, cuáles son los grupos que obtienen réditos de esas políticas o quiénes se apoderan, en el caso de nuestro país, de gran parte del insuficiente crecimiento económico o, en el peor de los casos, del acervo público a bajo costo o regalado. En economía, todo beneficio tiene un costo, es decir, las políticas económicas siempre van acompañadas de ganadores y perdedores. Los políticos siempre pregonan el beneficio, pero nunca se refieren a los costos.

Dos ejemplos notables, uno internacional, el otro nacional, pueden ilustrar lo anterior. El «efecto goteo» («chorreo» o trickle down) para salvar a los pobres del mundo, impulsado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado bajo el paraguas del Consenso de Washington, nunca pudo darse de arriba hacia abajo rebajando los impuestos a los ricos, recortando las ayudas a los pobres y asegurando con que la subida de la marea mantenga a flote a todos. Esto pudo darse en gran parte a la inversa, de abajo hacia arriba con políticas económicas que redistribuyera el ingreso y no, como observo en nuestro país, con regalías financiadas con préstamos internacionales, una parte del concepto acuñado por el académico Arturo Cruz Sequeira, el de “populismo responsable”, un sustantivo muy costoso en economía porque casi siempre desemboca en el fracaso y cuyo calificativo “responsable” no existe en la teoría económica.

El otro ejemplo nacional es el de las liquidaciones bancarias de 2000 y 2001 con sus daños adicionales sobre el presupuesto nacional en 2003, que en parte sirvió  al presidente Daniel Ortega en la campaña presidencial de 2006 al prometer que devolvería a los nicaragüenses lo que le habían quitado inapropiadamente un grupo de servidores públicos en lo que llamo una tragicomedia nacional de tres actos: el famoso rescate de los depositantes de los bancos liquidados, la reestructuración de esa deuda y las subastas de los activos de los bancos liquidados, una promesa incumplida ocho año después. En esa tragicomedia nacional, se distinguen los hoy acusados penalmente por la Fiscalía General de la República, Noel Ernesto Ramírez Sánchez y Eduardo Montealegre Rivas.

Hace varios años, después de la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, un banquero local, Roberto Zamora, me envió su mensaje pronunciado públicamente en las instalaciones de su banco, que si yo sabía que la banca de inversión quebrada de Wall Street fue rescatada por el gobierno estadounidense, pero este banquero creo que ya debe saber que el Gobierno de Estados Unidos, representado por Fiscal General Eric Holder, ha impuesto multas de miles de millones de dólares (mdd) a Bank of America (17 mil mdd), JPMorgan Chase (13 mil mdd), y Wells Fargo, JP Morgan Chase, Citigroup, Bank of America y Ally Financial (25 mil mdd), entre otros, todos vinculados a créditos inmobiliarios de riesgo (subprime), originados durante la crisis de 2008, que generaron pérdidas por millones de dólares entre los inversionistas que los compraron. Con esos dos ejemplos puede demostrarse que las políticas económicas, carentes de ética y saturados de intermediación política, no benefician a la mayoría de la población, sino que la perjudican.

Un economista que habla sin números es político y un político que comienza a hablar con números está estudiando economía, con el riesgo de equivocarse incluso en la lectura de los datos, si no cuenta con buenos profesores. Existen más evidencias en nuestra historia económica reciente sobre cómo los juicios políticos y éticos, incluso dichos a la ligera que tratan de determinar los límites del mercado, que tratan de ocultar perjuicios económicos a la población.

Por ejemplo, el economista más capaz que pertenece a las actuales filas gubernamentales, Ovidio Reyes, presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), afirmó que Nicaragua, al haber avanzado en el mejoramiento de sus indicadores macroeconómicos, solicitaría a Moody´s Investor una mejor reclasificación del índice riego-país para colocar una deuda soberana anual de US$500 millones, olvidando que el déficit comercial externo supera el 20% del Producto Interno Bruto (PIB); también dijo que pediría consejos al FMI sobre cómo “desdolarizar” la economía nacional, lo cual provocó incertidumbre entre los agentes económicos y tuvo que dar un paso atrás, olvidando que el cargo que ocupa es más político que económico dado el perfil actual de la autoridad monetaria de nuestro país.

El servidor público a cargo de la Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras (SIBOIF), Victor Urcuyo, afirmó públicamente que las tasas de interés del sistema financiero nacional son fijadas por el mercado, una falacia que es fácil de comprobar porque el mercado, una forma de organizar la economía, es más sabio de lo que es en Nicaragua. El Secretario de Políticas Públicas de la Presidencia de la República, Paul Oquist Kelley, en una forma bastante irresponsable, dijo públicamente que la ejecución del Gran Canal de Nicaragua generaría 1 millón de empleos y que el crecimiento económico de Nicaragua se duplicaría en 2018, dos juicios valorativos que desconocen el carácter científico de la economía.

Es fácil advertir la naturaleza política de un argumento económico, porque también es fácil determinar quiénes son los ganadores y los perdedores. Por eso, siempre aconsejo que al enfrentarse a una política económica o a un argumento económico debemos plantearnos la pregunta ¿quién se beneficia? Y si la política económica o el argumento económico no favorecieran a nadie en particular sino a todos, tal como nos lo enseña el Principio de Pareto, siempre será favorable a los más beneficiados del estado de las cosas, sencillamente porque tienen la posibilidad de impedir cualquier cambio que sea perjudicial para ellos.

No debemos olvidar que hay teorías económicas mejores que otras, pero dependiendo de la situación concreta que se tenga en el país. Por esto, también tenemos la tarea de asegurar el carácter científico y evitar la valoración especulativa de las políticas económicas gubernamentales.

 

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One response

14 08 2014
antonio

Excelente articulo.
Al respecto, pienso que los estados unidenses y los nicaraguenses aún esperamos que estos banqueros regresen el “rescate financiero” que fue de 700,000. millones dolares en estados unidos, nada comparado con las multas puestas por el fiscal a estas instituciones y en nicaragua no se cuanto fue el “rescate financiero” (ROBO). Lo tragicómico es que no hay ni multados ni presos.

En ningun caso se debió tomar el impuesto de los nicas y gringos para rescatar a estas instituciones meramente privadas. (llamese banquero irresponsable)

Si yo tengo una pulperia y la llevo a la quiebra, seria logico? pedir un rescate al Estado, porque perdí mi dinero privado.

el rescate se realizó por el descalabro del sistema financiero, pero, por que las instituciones encargadas de vigilar no previeron las anomalias y problemas? en donde quedan los disquez de la Superintendencia de Bancos de esa epoca.
muchas gracias

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