La economía y la política van de la mano

14 04 2012

A finales de marzo de este año, el crecimiento económico promedio anual de Nicaragua de 5.6%, muestra una desaceleración de 2 puntos porcentuales en relación con el desempeño productivo del mismo período del año pasado, pero continúa siendo notable porque la dinámica inversionista nos ha alejado del estadio de crecimiento de entre 3% y 4% al que estábamos acostumbrados (y agotados) a permanecer a lo largo de casi 20 años.

En el primer trimestre también se desaceleró el ímpetu de un diálogo político personal entre el presidente de la República, Daniel Ortega, y el líder de un movimiento político personal, Eduardo Montealegre, no obstante la alianza electoral PLI, a través de Fabio Gadea, atrajo al 31% de los votantes, es decir, 778,789 personas, incluso de nicaragüenses que no militan en organizaciones partidarias, los llamados votantes independientes.

Por otro lado, se aceleró el crecimiento de los precios al consumidor, de tal forma que en términos interanuales la inflación en marzo fue de 8.6%, pero los precios de alimentos y bebidas se aceleraron más hasta 10.9%, lo cual deterioró el poder adquisitivo y el bienestar de gran parte de los trabajadores, ya que el bono salarial a los empleados públicos beneficia al 15% de las familias nicaragüenses.

El diálogo político que necesita nuestra Nación no debería ser personal sino nacional, y si se presentara la opción de que fuese entre dos personas, y además secreto como dicen ciertos políticos y empresarios, sería entre personajes casi pares pero no dispares tal como los observo en las aceras de la bancada del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la Bancada Democrática Nacional (BDN).

Los precios internacionales de los bienes primarios, entre ellos los alimentos y los combustibles, espoleados por la especulación financiera golpean los bolsillos de los asalariados en el mercado local, porque el 92% del salario promedio nacional se destina a la adquisición de los 23 productos alimenticios que integran la canasta de 53 productos de consumo básico, cuyo costo en marzo fue de 10 mil 94 córdobas y acusó una tasa de inflación interanual de 8.1%.

Y también se aceleró el apoyo de empresarios y de ciertos políticos para que el líder del movimiento político personal fuese el “representante” de la oposición política del FSLN para la búsqueda de consensos, ¿cuál oposición política y cuáles consensos?, en una jugada desesperada porque el presidente de la República no ha dado muestras, ni creo que las dará en el corto plazo, de establecer conversaciones con los que se le oponen ¿con quiénes?, si los políticos autodenominados demócratas, que están sentados en sus curules devengando 5 mil dólares mensuales y otras jugosas prestaciones, han dado muestras de no entenderse al tratar de evitar que el ungido líder de la oposición, con su diálogo personal y secreto, busque prebendas y posiciones públicas –ya comienzan a llamarlas migajas- para sus allegados.

La estabilización macroeconómica se mantuvo garantizada en el primer trimestre de este año, gracias a la colaboración de los banqueros con el gobierno para aumentar las reservas internacionales brutas del Banco Central de Nicaragua (BCN). Al 31 de marzo de este año, dichas reservas sumaron 1 mil 932 millones de dólares y aumentaron 40 millones de dólares en el primer trimestre del año gracias a que los banqueros trasladaron 73 millones de dólares de sus cajas a las bóvedas del BCN, de tal forma que a finales de marzo representaron 2.6 veces el saldo de la base monetaria, que es 4 décimas mayor que la condicionalidad de 2.2 veces suscrita entre el gobierno de Nicaragua y el Fondo Monetario Internacional (FMI). No hay riesgos de especulaciones cambiarias en el corto plazo, porque observo un excelente espíritu de colaboración del gran capital financiero radicado en el país.

Y el ambiente político ha estado bastante estable como la macroeconomía, porque la BDN aprueba solícitamente las propuestas legislativas de la bancada del FSLN y, además, los partidos políticos que no están en el poder continúan desangrándose mientras el FSLN los observa complacido desde el palco, mientras que el líder del movimiento político personal ya no muestra públicamente sus inconformidades y espera pacientemente que lo llamen desde la Secretaría del Frente Sandinista de Liberación Nacional, pero estimo que lo llamarán desde la acera de la bancada mayoritaria o calificada de la Asamblea Nacional porque no tiene base partidaria ni partido político, para poder representar a la mayoría de los nicaragüenses. No hay riesgos de especulaciones políticas en el corto plazo, porque no se observa ni un ápice de colaboración entre los políticos de oposición, mucho menos la existencia de una oposición política organizada y sólida.

Lo que no perciben, mucho menos comentan, aquéllos que están ansiosos del diálogo personal secreto es que el principal problema político en el campo económico es el subempleo, el desempleo y la pobreza, aunque se han limitado a manifestar su “preocupación” de que miles de nicaragüenses duermen sin comer. En 2011, 1 millón 662 mil personas económicamente activas tenían dificultades para encontrar un puesto de trabajo formal y el 77% de los ocupados, un porcentaje creciente en los últimos 5 años, trabaja en el mercado informal.

Sorpresivamente, el BCN señaló recientemente que en 2011 el 6.3% de la población económicamente activa es desempleada abierta (es decir, no trabaja ni un segundo en el año), por lo cual teóricamente se podría deducir que en Nicaragua casi no hay desempleados abiertos (con una tasa de desempleo abierto de 4% existe pleno empleo). Considero que un acuerdo político resultante de un diálogo nacional, mas no personal, debería buscar soluciones a este grave problema de los nicaragüenses. Ese consenso nacional también debe fortalecer la gobernabilidad, es decir la capacidad del Estado para resolver los problemas políticos, económicos y sociales con la mayor transparencia posible y con la plena participación de la Sociedad Civil. No en secreto, como esgrimen ciertos políticos y empresarios.

Sin embargo, ¿aceptarían ese millón 662 mil de nicaragüenses, o sea el 28% de la población total del país, que el líder de un movimiento político personal los represente en un diálogo personal con el presidente de la República para resolver sus problemas? Estoy seguro que no por las credenciales de Eduardo Montealegre de ser un impune y un violador de los derechos humanos más de nuestro país, al mantenerse arropado en la inmunidad de su cargo público, evadir la Justicia y no aclarar a la Nación y al Juez sus acciones inapropiadas en la reestructuración de la deuda pública asociada con los CENIs Bancarios y en las subastas de activos de cuatro bancos liquidados, que son de fácil demostración con la aritmética financiera, y al no retractarse, tal como lo manda nuestra ley, por haberme injuriado y calumniado al tildarme como defraudador del Estado de Nicaragua, porque le agrada abusar de su inmunidad de diputado, antes constitucional y hoy electo.

Es muy difícil o imposible que gran parte de los nicaragüenses confíen en un presunto delincuente, como es Eduardo Montealegre, para que los represente en un diálogo nacional, mucho menos personal, con el presidente Daniel Ortega.


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