Al fin la Iniciativa HIRC en Europa

27 10 2011

El miércoles 25 de octubre los líderes de los 17 países de la Eurozona respiraron un poco más tranquilo, al poner a funcionar, en términos prácticos, una Iniciativa para Países Ricos Muy Endeudados (Heavily Indebted Rich Countries), aunque no lo hicieron en el Club de París, sino en la Cumbre de Bruselas., donde se aprobaron tres decisiones clave:

  1. la ampliación desde 440 mil millones de euros hasta el billón (1 millón de millones) de euros del fondo de rescate, o sea el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF);
  2. la condonación voluntaria por parte de los acreedores del 50% de la deuda pública de Grecia, que está principalmente en manos de banqueros franceses y alemanes, mayor que el 21% que habían aprobado en julio de este año; y
  3. elevar las exigencias de capital de máxima calidad (core capital) de la banca del 6% al 9% (tier 1 o nivel 1) antes de julio de 2012, y para ello los bancos afectados habrán de valorar su cartera de deuda soberana a precios de mercado, lo que supone que los que tienen deuda griega deberán aplicar una quita importante y tendrán limitado el pago de dividendos a sus accionistas y de bonos a sus empleados y para capitalizarse (se estiman necesidades de capital de 150 mil 61 millones de dólares) deberán acudir a las fuentes de financiación privada y, si no lo consiguen, podrán recurrir primero a su Estado y después al fondo de rescate.

Hubiese sido más convincente haber determinado los riesgos de exposición al impago de la deuda pública de todos los países europeos, con el propósito de hacer una prueba efectiva de la ampliación del FEEF y de la resistencia financiera que hoy se pide a los bancos inversores que hayan comprado bonos de los países europeos. O sea, se hubiese hecho algo análogo a lo que los países ricos hicieron en el Club de París en octubre de 1996 para condonar al menos el 80% del saldo total de la deuda externa de 43 países pobres muy endeudados con la Iniciativa HIPC (Heavily Indebted Poor Countries), que después se amplió hasta al menos el 90% en la Cumbre del G-7 en Colonia, Alemania, en junio de 1999, con el fin de estimar el aporte de cada acreedor en el perdón de la deuda de estos países que se concentraban en África, Asia y América, entre ellos dos centroamericanos, Honduras y Nicaragua.

Grecia es el tercer país que cae en la crisis económica europea. Le antecedieron Irlanda y Portugal. Con esa condonación del 50% de la deuda pública helena, el nuevo saldo adeudado por Grecia se rebaja desde 162% del PIB hasta un 120% del PIB, y continuaría siendo un país muy endeudado ya que se estima que será igual a 110% del PIB antes de 2020. A Italia, el tercer país europeo económicamente más fuerte, se le ha pedido más reformas para impulsar el crecimiento, mientras que España, según la agencia Moody’s, refleja los riesgos de una mayor crisis del bloque de la moneda única al degradar la deuda del gobierno español en dos escalones, de Aa2 a A1, el martes de la semana pasada. Moody’s también advirtió que Francia corre serio peligro de perder la codiciada nota soberana “AAA”.

Para pagar la deuda, Grecia tendría que observar un crecimiento económico, que hoy se ve obstaculizado por la idea política que se debe reducir el gasto público y, por ende, el déficit fiscal y la deuda pública. ¿Cómo crecer económicamente con la disminución del gasto público, específicamente del gasto de inversión pública en infraestructura económica, que facilite el aumento de la inversión privada? No lo veo posible. En otras palabras, primero hay que invertir para reducir la tasa de desempleo con la creación de puestos de trabajo, luego aumentar la producción y generar ingresos, y después pagar la deuda, pero no podemos hacer esto último sin reducir el desempleo.

El problema de Grecia no es su severo endeudamiento público de 120% del PIB, sino su severa tasa de desempleo que supera el 16% de su población económicamente activa, la cual se ha incrementado con el ajuste macroeconómico y ha provocado serios conflictos sociales. Las nuevas ideas políticas tratan, pues, de consolidar el balance fiscal con la reducción de la deuda y de condena el crecimiento económico a corto plazo. En síntesis, no se garantiza la gobernanza económica.

Los 27 países de la Unión Europea (UE), preocupados por esta situación, han comenzado a proponer, para crecer, reducir 25% de la carga administrativa de las empresas, potenciar la eficiencia energética, la investigación y la innovación, pero para hacer esto hay que gastar vía presupuesto o con fondos de la UE, o sea con más deuda pública que hoy que pretende disminuir para lograr la sostenibilidad de las finanzas públicas.

A simple vista puedo afirmar que el problema económico europeo no se ha resuelto. Las soluciones financieras no implican necesariamente el crecimiento económico deseado, ahora en una situación más complicada con el bastante probable estrangulamiento del crédito bancario, que será también más caro con la nueva norma de elevar el capital de máxima calidad de las entidades bancarias hasta un 9% de sus activos en riesgo en un plazo de 8 meses.

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