Hay que hacer algo nuevo

24 10 2011

Tal como lo habíamos previsto, el directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó el séptimo y último examen del Servicio de Crédito Ampliado (SCA) de Nicaragua el pasado viernes 22 de octubre, por lo cual desembolsará el último tramo de US$8.74 millones, de un total de US$114.1 millones entregados desde su aprobación en octubre de 2007, que serán guardados en las bóvedas del Banco Central de Nicaragua (BCN) para aumentar las reservas internacionales. Además, el FMI notificará al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que entregue al gobierno un préstamo de US$45 millones de dólares de libre disponibilidad para apoyo del presupuesto nacional.

Lo más importante de esa aprobación es que, por primera vez en la historia económica de nuestro país, en un año de elecciones nacionales se han minimizado los riesgos económicos y financieros, aunque el riesgo político continúa siendo alto, de tal forma que el riesgo país es moderado en la actualidad. Sin embargo, la entrega del préstamo del FMI es menos importante que la atracción de las inversiones extranjeras directas que provoca su anuncio oficial que Nicaragua aprobó con excelencia el examen macroeconómico, en unos momentos en que urge crear empleos decentes para reducir la pobreza de los nicaragüenses.

Mis felicitaciones a los funcionarios de la administración pública actual por este avance de la corrección de las metas macroeconómicas, aunque tengo una excepción entre ellas, y de la eliminación de problemas estructurales de la economía nicaragüense, aunque aún existen muchos pendientes de solución, que serían incluidos en parte en la formulación del quinto programa económico que el próximo gobierno suscribirá con el FMI en 2012.

Los políticos nicaragüenses saben que desde 2002 Nicaragua está patinando en el estadio de la estabilización macroeconómica (con tasas de inflación y de devaluación promedio anual de un dígito, 7.8% y 4.7% respectivamente) con una anémica tasa de crecimiento económico promedio  anual de 3.1%, por lo cual ¿sería correcto mantener la misma calidad del diálogo económico con el FMI en el próximo quinquenio?

Creo que no, porque seguir haciendo “más de lo mismo” de lo que se ha hecho en los últimos cinco años, aunque sea en mejor forma, significaría permanecer en el atolladero de la estabilización de precios al consumidor y del tipo de cambio, asegurar el insuficiente crecimiento de 4% de la producción, observar el crecimiento acelerado de la informalidad laboral, mantener la sobrevaluación del córdoba que no promueve el aumento del  volumen de los bienes exportables, y esperar que nos salve el mercado. ¿Cuál mercado? ¿Libre o libertino? ¿Con o sin regulación estatal? ¿Con o sin fragilidad institucional? ¿Con o sin impunidades bancarias y políticas?

Por supuesto que hay más interrogantes, pero se nubla el futuro económico de nuestra nación al escuchar de altos cargos públicos que han reducido el déficit público hasta 0.2% del Producto Interno Bruto (PIB) como un éxito del Programa SCA, a pesar que nuestro país tiene un gran desempleo y subempleo, es pobre, no es sujeto de crédito en el mercado financiero internacional –por lo cual se requiere la suscripción de un nuevo programa con el FMI-  y muestra un perenne déficit comercial externo que varía anualmente en un rango de [25%, 35%] del PIB.

Es incorrecto e ilógico suponer que la desaparición del déficit fiscal y la reducción de la tasa de inflación atraerán automáticamente al capital privado extranjero, porque los inversionistas están más interesados en una economía con un crecimiento sólido que en una economía estancada con estabilidad macroeconómica.

También es incorrecto suponer que reduciremos la gran subutilización de nuestra fuerza laboral y, por ende, el alto índice de pobreza humana, con el congelamiento del gasto de inversión pública en el nivel de 20% del gasto total del presupuesto nacional público, un porcentaje influenciado con las ideas políticas de reducir el gasto público, el déficit fiscal y la deuda pública, que constituyen el mayor obstáculo para disminuir el desempleo y el subempleo en nuestro país.

¿Por qué insiste el FMI en Nicaragua a bajar la tasa de inflación a un rango de [2%, 4%], a reducir el déficit fiscal a 2% del PIB antes del registro de las donaciones externas y a obtener un superávit fiscal cercano a 1.5% del PIB después del registro de las donaciones externas, a sabiendas que 2 millones 400 mil nicaragüenses están sumidos en la pobreza? ¿Por qué una tasa de inflación anual cercana a 10% es mala para el FMI? ¿Por qué el FMI insiste en pagar rápidamente la deuda pública, onerosa e ilícita en nuestro caso, sin la posibilidad de que la población genere más ingresos para pagar esa deuda al mantenerse una elevada tasa de desempleo y subempleo?

La política monetaria debería, por lo tanto, estar supeditada a los objetivos de una política fiscal orientada al crecimiento económico y a la redistribución del ingreso, y ésta última se ejemplifica, según datos oficiales de 2009, con el hecho que, al excluir al 20% de las familias de más altos ingresos, el restante 80% de las familias nicaragüenses sólo capta el 48.6% del ingreso nacional disponible.

Sin embargo, por ley el BCN sólo se preocupa por “la estabilidad de la moneda y el normal desenvolvimiento de los pagos internos y externos”. ¿Dónde quedó la contribución de la política monetaria para impulsar el crecimiento económico y el pleno empleo? Quedó en el olvido del banco central de un país pobre y aún muy endeudado en términos de producción, como es Nicaragua.

La producción de Nicaragua puede volver a crecer con políticas macroeconómicas más flexibles sin caer en el desorden de elevados déficit fiscales y altas tasas de inflación, pero se necesita cambiar la calidad del diálogo con el FMI. Entre los programas de gobierno que he conocido de los candidatos a presidente de la República, hasta ahora sólo uno, el del candidato por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Dr. Arnoldo Alemán, presenta la oportunidad de cambiar ese diálogo con una importante cartera de inversiones públicas que también resolvería uno de los más severos problemas estructurales del presupuesto nacional, como es el de consumir más e invertir menos, y así no se reduce el desempleo y la pobreza.

Esa cartera de proyectos de inversión pública en nueve ejes de producción ya explicada por el candidato liberal está acompañada de una cartera de proyectos de inversión privada, ésta última facilitada por la primera. La pobreza se erradica con más inversión en infraestructura económica y con más inversión privada, mas no por la vías de aumentar el consumo público y reducir el déficit fiscal y la deuda pública. La propuesta liberal es hacer algo distinto a lo que se está haciendo para sacar al país de la postración económica: en 2011, el ingreso per cápita promedio anual de Nicaragua es de US$1,220, el de Centroamérica, incluyendo a Panamá, US$3,800; y el del Mundo, US$9,920. Reitero: hay que invertir más y consumir menos con el presupuesto nacional.

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