Malas noticias, pero las peores no se dicen

23 09 2011

Ben Bernanke, presidente de la Fed, cambió el perfil del vencimiento de la deuda del banco central estadounidense y previno que existen significativos riesgos a la baja para la primera economía del mundo, incluida la tensión en los mercados financieros globales.

Christine Lagarde, directora gerente del FMI, dijo que ahora existe un espacio “más estrecho” para la recuperación global que al inicio de la crisis financiera de 2008.

El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, advirtió  a las economías avanzadas como Estados Unidos, la Unión Europea y Japón que sería “irresponsable” no actuar para evitar la recaída en una nueva recesión.

El comisario de Mercado Interior y Servicios de la Unión Europea, Michel Barnier, sentenció que “otros 16 bancos europeos que pasaron las pruebas de resistencia muy justamente deberán también ser recapitalizados”.

Los ministros de Economía y gobernadores de bancos centrales del G-20 intentaron calmar los ánimos de los inversores antes de la apertura de las Bolsas renovando el compromiso de “tomar todas las medidas necesarias para preservar la estabilidad del sistema bancario y de los mercados financieros”, una proclama habitual en las cumbres de los países ricos y emergentes, y agregaron que “nos aseguraremos de que los bancos están adecuadamente capitalizados y tienen suficiente acceso a la financiación para hacer frente a los riesgos actuales y la plena implementación de Basilea III a lo largo de los plazos acordados”.

Moody’s bajó la calificación crediticia de Bank of America Corp., Wells Fargo & Co y Citigroup Inc., tres de los mayores bancos estadounidenses, por los temores a que Washington esté menos dispuesto a respaldarlos si vuelven a tener problemas.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, defendió sus dos propuestas para que crezcan las economías estadounidense y mundial, como son el plan de empleo y su iniciativa para reducir el déficit aumentando los impuestos a los más ricos.

Las bolsas acumularon abruptas caídas por el casi nulo crecimiento en los países avanzados, el temor a las consecuencias de una suspensión de pagos en Grecia y las dudas crecientes sobre cuál es el daño que ocasionan los devaluados títulos de deuda pública en la banca europea, que se estima en un máximo de 30 mil millones de dólares.

La iniciativa de los países llamados BRICS por sus iniciales -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- que habían anunciado un posible apoyo financiero a los países europeos, quedó en nada.

Por las malas noticias del crecimiento económico mundial, los precios a futuro del barril de petróleo West Texas Intermediate cerraron el viernes 23 de septiembre con una baja de 5.41 dólares a 80.51 dólares y acumularon su mayor caída diaria desde el 8 de agosto. En Londres, el barril de crudo Brent perdió 4.87 dólares, a 105.49 dólares.

Fue una semana de malas noticias, pero la peor, que es el mayor riesgo de una recesión económica mundial, no se dijo. “Hay que coger las cosas por el lado positivo, es en interés de todos”, proclamó Christine Lagarde en la conferencia de prensa que precedió a la reunión del FMI.

La historia económica ha demostrado que Europa nunca ha jugado el papel de la locomotora de la economía mundial cuando Estados Unidos se estanca o cae en recesión económica. El presidente de la Fed, Ben Bernanke, ha dejado a entrever su desesperación y su desesperanza con la venta de títulos de deuda pública norteamericana de corto plazo que tiene en su cartera y la sustitución por otros títulos de deuda pública con vencimientos a plazos de entre 6 y 30 años.

¿Cuál es su propósito? Hacer subir el precio de los títulos de deuda pública de largo plazo, lo cual bajaría sus tasas de interés y, por lo tanto, reactivar no sólo el gasto de inversión privada sino también el mercado de la vivienda donde las hipotecas se firman a tipo fijo ligado al de la deuda pública.

Sin embargo, hay un riesgo muy grande. La curva de la tasa de interés de largo plazo podría caer por debajo de la curva de la tasa de interés de corto plazo, lo cual sería el anuncio de lo que hoy no se quiere decir, la llegada inminente de una recesión, que es lo que se desea evitar.

El riesgo de que las tasas de interés de largo plazo sean más bajas que las tasas de interés de corto plazo es que los bancos pierden al prestar dinero y, por lo tanto, no prestan. Esto explica la fuerte caída de los mercados bursátiles este fin de semana. Los inversionistas financieros se adelantan porque saben que la Fed va a comprar o vender, obteniendo grandes fortunas con mínimos riesgos.

La tasa de interés de la deuda pública de Estados Unidos a dos años está ahora en el 0.20% y el de 10 años en el 1.76%. Están tan cerca, que la Operación “Twist” de la Fed puede hacer que se intercambien, como un giro, o sea un twist,  muy rápido. La última vez que se invirtió la curva de tasas de interés en Estados Unidos fue en enero de 2008, un mes después de haberse iniciado la recesión.

Creo que la acción de Ben Bernanke no tendrá el efecto esperado de reanimar a la economía estadounidense y debemos prepararnos para lo que no se ha dicho.


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