El desajuste económico de Nicaragua y la política económica del FMI

9 07 2011

La conocida identidad keynesiana PIB ≡ CP + IP + G + X – M, donde PIB es el Producto Interno Bruto, CP es el consumo privado, IP es la inversión privada, G es el gasto público (consumo e inversión), X es las exportaciones y M es las importaciones, refleja los siguientes datos oficiales para la economía de Nicaragua en 2010 en el mismo orden (en millones de dólares en precios corrientes de ese año):

PIB       ≡    CP     +    IP     +    G      +     X     –     M                      (1)

6,551    ≡  5,500  + 1,377   +  1,527  + 2,708  –   4,562

(X – M) es conocida como exportaciones netas (de importaciones). Si trasladamos estas dos variables al lado izquierdo y el PIB a lado derecho de esta identidad, tenemos que

(M – X)  ≡   (CP + IP + G)   –      PIB             (2)

1,854    ≡         8,405           –    6,551

(CP + IP + G) es conocida como la demanda interna (los gastos de consumo e inversión de los sectores privado y público) –cuyo valor es de 8 mil 405 millones de dólares- y el PIB también es conocido como la oferta interna –que suma 6 mil 551 millones de dólares-. Por lo tanto, la diferencia de la demanda interna menos la oferta interna indica el exceso de los gastos de consumo e inversión en el mercado interno sobre el nivel de producción local y, en este caso, ese exceso es de 1 mil 854 millones de dólares. Ese fue el desajuste económico de nuestro país en 2010.

Ese desequilibrio macroeconómico, que se manifiesta en una baja tasa de ahorro real, tanto público como privado, de 8.3% del PIB el año pasado –o sea la proporción del PIB que no se consume-, obliga a una gran dependencia del ahorro externo, que aún es de dos dígitos porcentuales del PIB. Ese ahorro externo corresponde a las remesas familiares, la cooperación oficial, la inversión extranjera directa y los flujos de recursos privados, entre los cuales hoy se destaca el préstamo muy concesional de Venezuela que es tratado como una deuda privada externa. La asistencia financiera de Venezuela ha «facilitado» la reducción drástica del déficit del presupuesto nacional de Nicaragua, un país pobre que se graduó en la Iniciativa para Países Pobres Muy Endeudados (HIPC) en febrero de 2004 y aún está muy endeudado en términos de producción.

¿Cómo se financió ese desajuste económico en 2010? (M – X) es el flujo total de recursos externos o ahorro del sector externo que financia nuestro exceso de demanda interna [recuerde que (X – M) es el déficit comercial externo]. De acuerdo con datos oficiales del Banco Central de Nicaragua (BCN), en 2010 se registraron los siguientes flujos de recursos externos que ingresaron a nuestro país (en millones de dólares): remesas familiares, 823; donaciones al sector público, 157; préstamos al sector público, 285; inversión extranjera directa, 508; cooperación venezolana, 511. En total 2,284 millones, lo cual facilitó el aumento de 222 millones en el saldo de activos de reservas del BCN.

Debo reconocer que aún falta un importante trecho para reducir a niveles aceptables el desajuste macroeconómico de nuestro país, pero no debo ser muy optimista para señalar que hoy dependemos menos de las remesas familiares y de la ayuda internacional para el sector público debido al creciente valor de las exportaciones del país –gracias a los altos precios internacionales de las materias primas y de los alimentos-, porque las importaciones también se encarecen por esos mismos precios internacionales, incluyendo el petróleo y los combustibles. Por lo tanto, no debo crear ilusiones y es mejor ser realista, ya que en este año el déficit comercial de nuestro país crecerá en porcentajes del PIB, no obstante los mayores precios del café, azúcar, carne, oro, entre otros rubros de exportación, debido a que el volumen de la exportaciones, en el mejor de los casos, se estancará en los niveles del año pasado y, además, el precio internacional del petróleo sigue subiendo.

De la identidad keynesiana, sabemos que la demanda global (DG) es la variable fundamental para elevar la actividad económica del país, la cual está formada por la demanda de bienes de consumo de las familias, la demanda de bienes de inversiones de las empresas privadas, la demanda del sector público mediante el  gasto público y por la demanda de los mercados internacionales mediante las exportaciones. A continuación, se indica la demanda global de la economía de Nicaragua observad en 2010, según datos oficiales del BCN (en millones de dólares).

DG      ≡       CP      +       IP      +        G      +       X                    (3)

11,113   ≡     5,500   +   1,377   +    1,527   +    2,708

Con la abultada tasa de desempleo global de 27% de la población económicamente activa que se observó en nuestro mercado laboral en 2010, es fácil concluir que se requiere incrementar la demanda global para reducir el elevado desempleo de nuestro país.

De acuerdo con Keynes, la política económica debería apuntar a provocar un mayor gasto de consumo de las familias con la disminución de la tasa del impuesto sobre la renta de las personas físicas, lo que causaría un aumento del ingreso personal disponible; estimular el gasto de inversión privada con la disminución de la tasa de interés o del costo del dinero; aumentar el gasto público, yo diría exclusivamente el gasto de inversión pública en infraestructura económica, tales como la red vial, puertos e introducción de agua potable, letrinas, energía eléctrica y telecomunicaciones en las zonas rurales, y en infraestructura social en la que se distinguen escuelas de primaria, escuelas normales, centros polideportivos, institutos politécnicos, centros y puestos de salud, hospitales y garantizar la protección del medio ambiente y la seguridad ciudadana; y fomentar el volumen de las exportaciones con la disminución del tipo de cambio real.

La recesión económica que afectó al mundo en 2008 y 2009 hace que el elevado desempleo coexista con una baja tasa de inflación en la actualidad, y para resolver esa situación John Maynard Keynes siempre responderá que se debe estimular la demanda global, con la disminución de los impuestos, la baja de las tasas de interés, el aumento del gasto público y la caída del tipo de cambio real, todo esto para reducir el desempleo y eliminar la baja tasa de inflación. Para reducir una elevada tasa de inflación, que no es nuestra situación, se harían los movimientos de dichas variables en sentido contrario y, por ende, se implementaría una política económica contractiva, que no es nuestro caso desde hace varios años.

Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) nos exige, entre sus condicionalidades de ajuste económico para tener acceso a préstamos multilaterales muy concesionales –ya que no somos un país sujeto de crédito en el mercado financiero internacional- , reducir progresivamente el déficit fiscal y, por ende, la deuda pública, mediante la implementación simultánea de (i) reformas tributarias que eleven la presión de los impuestos –para 2012, se ha condicionado anticipadamente la reducción de exoneraciones y exenciones en el pago de los tributos y la supervisión estatal de la formación de los precios de transferencias – y  (ii) disminución y limitación del gasto público, pero esto impide reducir el elevado desempleo global existente en nuestro país. Subiendo los impuestos y reduciendo el gasto estamos aumentando más el desempleo, y eso lo sabe el FMI que continúa pensando que el mercado libre reducirá el desempleo –una falacia del Consenso de Washington ya enterrado en los países de economías avanzadas-; y con la reducción de los impuestos y el aumento del gasto público necesarios para reducir la alta tasa de desempleo, el FMI se preocupa porque crecerían el déficit fiscal y la deuda pública.

La gran restricción es, pues, una deuda pública externa e interna que iguala el 80% del PIB, la cual fue  impulsada por una deuda con acreedores internos que reciben los pagos de las confiscaciones de la propiedad en los años ochenta del siglo pasado y de las liquidaciones de cuatro bancos ocurridas en el bienio 2000 y 2001, ésta última denunciada por la Contraloría General de la República y acusada penalmente por la Fiscalía General de la República, un proceso que se ha detenido porque el ex ministro de Hacienda y Crédito Público, Eduardo Montealegre, continúa escudándose en su inmunidad parlamentaria para no responder por sus irresponsabilidades en la reestructuración de dicha deuda y en las subastas de los activos de los bancos liquidados.

Por otro lado, el FMI presiona al BCN a que suba las tasas de interés si aumentan las incertidumbres, mejor dicho si aumenta la inflación –que en nuestro país tiene una moda mínima de 7% resultante de la suma de la tasa de deslizamiento anual de 5% del tipo de cambio oficial y de la meta de la tasa de inflación anual de 2% de las economías avanzadas- o si surge el riesgo del cierre de las ventanillas de préstamos multilaterales muy concesionales de divisas líquidas de libre disponibilidad para apoyo a las reservas internacionales o para apoyo presupuestario por incumplimientos de las condicionalidades de reforma estructural. De por sí, las tasas de interés del sistema financiero nacional son muy altas y no apoyan un crecimiento económico suficiente del país.

En cuanto a la política cambiaria, ésta está obstaculizada por el régimen cambiario deslizante establecido en 1993 –que es un régimen cambiario fijo con deslizamiento también invariable desde el año de 2004- y por los abundantes mecanismos de indexación de los precios en córdobas con respecto al dólar estadounidense que existen en nuestro país desde 1991, por lo cual es imposible disminuir el tipo de cambio real. Por lo tanto, se mantiene la presencia de rezagos del tipo de cambio real que provocan la disminución del volumen de las exportaciones, el aumento del volumen de las importaciones, la profundización del déficit en la balanza comercial de la balanza de pagos, la falta de estímulo a la inversión extranjera directa y la fuga de capitales.

Así, la política fondomonetarista es aplicada en forma contraria a lo que indica la teoría económica para salir de la crisis, porque  se aumentan los impuestos, se reduce el gasto público, se elevan las tasas de interés y se mantiene apreciado el córdoba. Consecuentemente, no se reduce la elevada tasa de desempleo global de nuestra economía. Es obvio que para reducir ese alto desempleo global debemos aplicar una política económica expansiva y para reducir una alta tasa de inflación debemos aplicar una política económica contractiva. Lo irónico de nuestra situación particular es que el dólar estadounidense domina, al menos, el 70% del mercado local y la inflación la medimos en córdobas sin mantenimiento de valor.

En conclusión, el tema de interés particular en las negociaciones del gobierno de Nicaragua y el FMI no es el empleo sino el déficit fiscal que en este año se aproximará a 2% del PIB antes del registro de las donaciones externas y a casi 0% del PIB después del registro de dichas donaciones, con lo cual se asegura, en el mejor de los casos, el riesgo de una desaceleración económica. Pero he de aconsejar a nuestros servidores públicos, y a quienes aspiran a serlo el próximo año, que se requiere aumentar la demanda global para promover un mayor crecimiento económico y, por consiguiente, se debería cambiar la calidad del diálogo con el FMI.

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