Los compromisos de Nicaragua con el FMI en 2011

9 05 2011

La aprobación súbita de la sexta revisión del Programa “Servicio de Crédito Ampliado” (SCA) se explica no sólo con la excelente nota excelente de Nicaragua en la aprobación del tramo anual de 2010 de dicho programa, sino también porque ningún Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) solicitó llevar este asunto al orden del día de la Junta Ejecutiva antes del mediodía del miércoles 20 de abril 2011. A continuación expondré los principales compromisos contraídos entre nuestros servidores públicos y el FMI.

La primera variable exógena del modelo del FMI, la tasa de crecimiento económico de nuestro país que se ajustó de 3.0% a 3.5% para 2011, ha recibido muy poca importancia en estas negociaciones, porque de acuerdo con el aún viviente Consenso de Washington en nuestro país, a pesar que el FMI ya lo enterró desde septiembre de 2008, todavía es impuesto en los pasillos gubernamentales de tal forma que la producción es definida por la sabiduría del mercado y, consecuentemente, también el empleo. Nunca he creído, ni cuando fui estudiante universitario, que se deba dejar exclusivamente al mercado la estrategia de bienestar de la población.

La inflación, la segunda variable exógena al modelo del FMI, puede identificarse fácilmente por los 5 puntos de devaluación nominal más los 2 puntos porcentuales correspondientes al objetivo informal de la inflación en los países de economía avanzada, o sea 7% anual, pero dada la tendencia creciente de los precios de los commodities, tales como petróleo, oro, otros metales pesados, materias primas (en nuestro caso principalmente demandadas por el sector agropecuario) y alimentos, la meta inflacionaria acumulada para 2011 se elevó de 6.4% a 8.7% por parte del Banco Central de Nicaragua (BCN), pero el FMI la proyectó en 9.5% por la aceleración de los precios internacionales antes mencionada. Consultores Para el Desarrollo  Empresarial (COPADES), la firma que dirige este servidor, la pronosticó en 9.74% en enero de este año.

Desde el primer Programa de Servicio Reforzado de Ajuste Estructural (SRAE o ESAF) de junio de 1994 hasta el cuarto programa trienal rebautizado como SCA, las negociaciones entre el Gobierno de Nicaragua (GON) y el FMI nunca han abordado con la atención debida el problema estructural del subempleo y del desempleo abierto de nuestra economía. La tasa de desempleo global de la fuerza laboral del país, o sea la tasa de desempleo abierto más la tasa de desempleo equivalente asociada con el subempleo, no fue proyectada para 2011 por el FMI y el BCN, pero COPADES la pronosticó en el nivel de 27% de la población económicamente activa asociada con una tasa de crecimiento económico de 3.6% en 2011; en otras palabras, COPADES pronostica que 657 mil nicaragüenses no generarán ingresos en este año, quienes con bastante seguridad se encuentran inconformes con las autoridades públicas.

La política económica aprobada, y con mayor interés la relacionada con las reformas estructurales de la economía, es mucho más apreciada que la fijación de metas macroeconómicas anuales con el FMI, porque la historia económica de nuestro país lo demuestra.

Como es usual, el FMI siempre le pide a Nicaragua una política fiscal prudente haciendo caso omiso al gran déficit comercial externo, aunque nuestro país no tiene los problemas fiscales de países europeos, tales como Irlanda, Grecia y Portugal, que muestran elevadísimos porcentajes del Producto Interno Bruto (PIB) en concepto de la deuda púbica y del déficit de los presupuestos de los gobiernos centrales de esos países, incluso de los Estados Unidos, Japón y Gran Bretaña.

Nicaragua, con un índice de pobreza de 42.5% de la población total del país en 2009 y una tasa de desempleo global pronosticada por COPADES de 27% en 2011, sin importarle el reconocimiento fondomonetarista de una mayor tasa de crecimiento económico y de una mayor tasa de inflación, suscribió la reducción del déficit fiscal de 1.5% del PIB a 1.1% del PIB antes del registro del monto de las donaciones externas, incluyendo en el gasto presupuestario el equivalente a US$32 millones por las elecciones presidenciales y el equivalente a US$45 millones por el bono salarial a 153 mil empleados públicos.

No se reconoció que nuestro presupuesto nacional distribuye sólo miseria fiscal después del pago de intereses y amortizaciones de la deuda gubernamental externa e interna (entre las obligaciones internas sobresalen los pagos a los tenedores de los Bonos de Pago por Indemnización, Bonos de la República de Nicaragua y los Bonos Bancarios vinculados con la liquidaciones de cuatro bancos en 2000 y 2001) que absorben, de acuerdo con los datos de la primera reforma del presupuesto gubernamental de 2011, el 27.08% de los ingresos tributarios esperados en el año, un porcentaje mayor que el gasto de educación y el gasto de salud que han alcanzado los niveles de 19.76% y 19.75% en el mismo orden del total de ingresos tributarios reformado por la Asamblea Nacional.

La severa restricción fiscal aceptada por Nicaragua, que es comprensible por los recursos provenientes de Venezuela, pretende ser suavizada por el FMI con el aumento del gasto de reducción de la pobreza si es financiado con nuevas donaciones externas y con un incremento de la inversión pública en un monto hasta 0.8% del PIB, o sea en US$56 millones, si Nicaragua logra contratar nuevos préstamos concesionales externos, independientemente de los atrasos en las licitaciones y ejecuciones de los proyectos de inversión.

La política monetaria del FMI en nuestro país siempre se ha concentrado solamente en el aumento de las reservas internacionales del BCN (sin reconocer los efectos negativos de la sobrevaluación del córdoba que no puede ser reducida significativamente desde la década de los noventa por la perniciosa cláusula de mantenimiento de valor y un régimen cambiario de corto plazo que se ha mantenido en el larguísimo plazo), que han sido afectadas por la suspensión de las donaciones del Grupo de Apoyo Presupuestario y que hoy crecen con el encaje efectivo en moneda extranjera porque los bancos no poseen una estrategia crediticia efectiva para el crecimiento económico de nuestro país. La economía de Nicaragua crece independientemente de lo que piensan los banqueros.

De acuerdo con el BCN y el FMI, las reservas internacionales netas ajustadas (o sea las reservas internacionales brutas del BCN menos la suma del crédito del FMI, el encaje en moneda extranjera y el saldo del fondo de garantía de los depósitos, FOGADE, en moneda extranjera) caerán US$55 millones hasta US$862 millones al 31 de diciembre de este año, debido a una política monetaria expansiva de C$2,348 millones (recordemos que la política fiscal es restrictiva), que se explica con la reducción de C$1,010 millones de la deuda de corto plazo emitida con títulos valores del BCN (que se reducirá hasta 5.4% del PIB) y por las pérdidas del BCN de C$1,133 millones resultantes del pago de intereses y de la cláusula de mantenimiento de valor de sus títulos valores, pérdidas que acorde con su nueva ley hay que pagar efectivamente con nuestros impuestos para recapitalizarlo. La tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio oficial se mantendrá en 5% y las reservas internacionales brutas se programaron en US$1,743 millones e iguales a 3.9 meses de importaciones CIF, excluyendo las del régimen especial de las maquilas.

Finalmente, dos son las reformas estructurales contempladas en la última negociación de nuestros servidores con los jóvenes técnicos del FMI: aprobar la ley de la industria de microfinancieras a finales de julio y culminar la evaluación del empleo permanente y temporal del Gobierno Central con los fines de racionalizar el empleo y elevar la productividad laboral del sector.

Sólo una cosa más he de decirles. Las metas del FMI en Nicaragua no se cumplirán tal como han sido diseñadas en abril de este año, pero sí se cumplirán las reformas estructurales acordadas. Siempre hay variantes, importadas o creadas por nosotros mismos, gobierno, empresarios, inversionistas, trabajadores y consumidores. Además, el riesgo actual de Nicaragua es eminentemente político e inflacionario por los precios internacionales de los hidrocarburos y los alimentos.

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