Se levantan los riesgos económicos en nuestro país

14 04 2011

Desde el ámbito internacional, es fácil pronosticar que el precio promedio anual mínimo de un barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI), de referencia internacional para Nicaragua, se aproximará a US$100; los precios de los alimentos siguen escalando desde junio del año pasado: según la la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el precio del maíz se incremento 81%, mientras que el del trigo subió 79%, y un mil millones de personas padecen hambre en el mundo; el reloj del hambre, que el Banco Mundial instaló frente a su edificio en esta semana, indica que 68 personas caen en hambre en cada minuto; de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), los países de economía avanzada muestran el grave problema fiscal de un déficit presupuestario igual a 7.8% del PIB, el cual no debería ser mayor del 3% del PIB, y la deuda pública acumulada de esos países ya arribó al 110% del PIB.

Nicaragua, frente a estos problemas económicos importados, principalmente la inflación provocada por las alzas de los precios del crudo y de las materias primas, está prácticamente manos arriba. El 63% de la generación de energía eléctrica depende de los hidrocarburos, pero el gobierno ha congelado las tarifas de este servicio a lo largo de este año mediante subsidios financiados con recursos del ALBA; los precios de los combustibles y los alimentos atizarán la inflación y la proyectarán hasta un nivel anual cercano al 10%, lo cual obligará al ahorro y a la búsqueda de una mejor eficiencia en las empresas, que ojalá no se obtenga con la destrucción de empleos sino con la reducción de los gastos administrativos y operativos; la ausencia de una política financiera efectiva y de una estrategia crediticia de la banca nacional también provocan el “enfriamiento” de la economía nicaragüense –pronostico que el valor agregado real (o en precios constantes) de las entidades bancarias, o sea la generación del volumen de servicios financieros, caerá 5% este año-, mientras que en otros países el FMI pide controlar el crédito con el fin de evitar un “sobrecalentamiento” que conduzca a mayores presiones inflacionarias, alzas de las tasas de interés y protestas sociales.

Mi pronóstico de la tasa de crecimiento económico, tomando en cuenta el crecimiento económico de 4.5% de 2010 recientemente publicado por el Banco Central de Nicaragua (BCN), disminuye del 3.9% que anuncié en diciembre de 2010 a 3.6% revisado en este abril, con el riesgo de desacelerarse si el precio promedio anual del petróleo WTI remonta más allá de 100 dólares, pero la inflación acumulada anual se va a notar porque se acelerará hasta un nivel cercano a dos dígitos, 9.7%, especialmente la inflación de los precios al consumidor del grupo de los alimentos que se disparará alrededor del 15%.

Por otro lado, el crecimiento de los precios al productor oscilará alrededor de un 20%, influenciado por el comportamiento de los precios internacionales del petróleo y de las materia primas. Por ejemplo, entre los precios promedios anuales de los rubros de exportación de Nicaragua observados en 2010 y esperados en 2011, el quintal de café tiende a pasar de US$152 a US$180; el de la onza troy de oro, de US$1,163 a US$1,380; el de un quintal de azúcar, de US$21  a US$26. No olvidemos el precio del barril de crudo WTI, que tiende a pasar de US$79.38 a US$100.

Otro riesgo que emerge en la actualidad, más grande que el de la inflación, es el incumplimiento de las reformas estructurales suscritas y pendientes con el FMI. Nicaragua debe cumplir con la emisión de una ley relacionada con la industria de las microfinancieras a más tardar en junio próximo, y había sido programada para noviembre de 2010. Si la Asamblea Nacional de Nicaragua no aprueba esta ley en los próximos dos meses, se pone en riesgo la vigencia de la extensión de un año del Programa “Servicio de Crédito Ampliado” (SCA) suscrita con el FMI, así como el desembolso del último tramo de US$8 millones del préstamo del FMI asignados exclusivamente a las reservas internacionales del BCN, y que está pendiente de entrega desde la cuarta y quinta revisiones del Programa SCA de octubre 2010, fecha en que expiró dicho programa; también se expone al riesgo el desembolso de un préstamo de US$40 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que está destinado al apoyo presupuestario y es el único en divisas líquidas de libre disponibilidad programado en este año.

Adicionalmente, entre las condicionalidades de reforma estructural pendientes y vigentes, se distinguen la conclusión del estudio sobre el empleo en el Gobierno Central a finales de agosto de este año, con el propósito de racionalizar las contrataciones laborales e incrementar la productividad en esta actividad económica; la entrega del informe del BCN al FMI sobre los datos mensuales de los depósitos bancarios asociados con la asistencia financiera de Venezuela a inicios del próximo mes de octubre; y asegurar permanentemente que las tarifas de electricidad cubran los costos de generación y se reduzca progresivamente la dependencia de los hidrocarburos en la generación de electricidad.

Ahorrar, buscar más eficiencia en la producción de bienes y servicios privados y públicos, impulsar el diálogo entre las autoridades monetarias y reguladoras con los representantes del sistema bancario nacional para promover una política crediticia efectiva para la economía del país, aprobar la ley de las microfinancieras, son tareas que podrían iniciarse antes de la efervescencia electoral del segundo semestre del año en curso.

Mientras tanto, es muy probable que el FMI exija un mayor desglose de los usos de la asistencia financiera de Venezuela y creo que se está discutiendo la reforma del fondo de pensiones de seguridad social entre gobierno, sindicatos y empresarios para que sea aprobada en 2012 y, por lo menos, creo también que se deben identificar aquellas exoneraciones y exenciones en el pago de impuestos a ser eliminadas en una nueva reforma tributaria el próximo año, tal como se le prometió al FMI.

Hay que administrar muy bien los tiempos con el fin de cumplir oportunamente los compromisos económicos que ya se suscribieron con el FMI. Para este organismo, es menos traumático que el déficit fiscal sea un punto porcentual del Producto Interno Bruto (PIB) mayor que el programado para un año, o que a finales de un año el saldo de las reservas internacionales brutas sea 2.1 veces el saldo de la base monetaria, en vez de las 2.2 veces condicionadas en el Programa SCA, que el incumplimiento de una reforma estructural que cierra las ventanillas de préstamos multilaterales para apoyo del presupuesto y de la balanza de pagos del país, lo cual obligaría a un endeudamiento público interno oneroso para los nicaragüenses con el fin de mantener la estabilización macroeconómica. Además, también hay que mantener la confianza entre los inversionistas nacionales y extranjeros.

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