La teoría liga salarios a productividad

22 02 2011

A mediados de enero de este año, la aritmética indicaba que el ajuste del salario mínimo legal era 13%, resultante de la suma de la tasa de crecimiento económico de 4% y la tasa de inflación acumulada anual de 9% registradas en 2010, según las cifras del Banco Central de Nicaragua (BCN) y lo establecido por la Ley de Salario Mínimo.

El 17 de febrero recientemente pasado, la Comisión Nacional de Salario Mínimo aprobó el ajuste de 13% para este salario (7% a partir del 16 de febrero y 6% a partir del próximo 16 de agosto) para todas las actividades económicas, excepto la industria maquiladora con un solo ajuste de 8% en la primera fecha antes mencionada, y la micro y pequeña industria artesanal y turística nacional con dos ajustes de 4% en las dos fechas antes indicadas.

El poder adquisitivo del salario mínimo legal aumentó con un notable 18.0% en el año de 2009, el año de la recesión económica en nuestro país al caer 1.5% el Producto Interno Bruto (PIB) Real, y ese notable aumento fue contrario  a lo que se observó en 2010 al crecer 4% el PIB Real, porque el poder adquisitivo del salario mínimo sólo aumentó 5.7% en un momento de expansión económica Esto no tiene sentido económico y deja a entrever que es necesaria una reforma a la negociación en la Comisión Nacional del Salario Mínimo.

Cuando llegó la recesión en 2009, el ajuste de los costos a nivel microeconómico, o sea en las empresas como aconsejaba el profesor Milton Friedman con la crisis del petróleo en 1973, se produjo con la destrucción de empleo. De acuerdo con mis cálculos, el mercado laboral de Nicaragua en 2009 observó un aumento del desempleo de 46 mil personas, un número cercano al de los consumidores que fueron llevados a los juzgados por no poder pagar las obligaciones correspondientes al uso de tarjetas de crédito para el consumo. Por lo tanto, la tasa de desempleo o subutilización global –que incluye tanto el desempleo abierto como el desempleo equivalente asociado con el subempleo- se elevó de 25.4% en 2008 a 27.7% en 2009.

El salario mínimo siempre ha estado ligado a la tasa de inflación anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del año pasado y no a la productividad, como debería serlo. Con la apertura de la economía nicaragüense, que se ejemplifica en 2010 con el 91% del PIB en concepto del comercio exterior (exportaciones e importaciones de bienes y servicios), cualquier alza importante de los precios internacionales del petróleo y otras materias primas, como la observada en 2008,  aceleró la tasa de inflación hasta el 13.8% y el salario mínimo la siguió sin tener en cuenta que era una inflación importada y afectó a todos los agentes económicos y, además, que las pequeñas y las medianas empresas pasaban un mal momento con la reducción del número de trabajadores y con el cierre de operaciones.

En la actualidad, la canasta de 53 productos de consumo básico puede ser adquirida con tres salarios mínimos. Con el reciente acuerdo entre los sindicatos, los gremios de productores y el gobierno, al excluir a la industria maquiladora y a la micro y pequeña empresa artesanal, el promedio simple del salario mínimo legal de las actividades económicas en diciembre de 2011 será de C$3,393 y mostrará un aumento de 13.4% con respecto a su nivel registrado en diciembre de 2010, y su poder adquisitivo crecerá 3.2%, que es menor al observado en 2010, al tomar en cuenta mi pronóstico de una tasa de inflación acumulada anual mínima de 9.5%.

Con mucha seguridad puedo afirmar que la moderación salarial que tuvo la Comisión Nacional del Salario Mínimo no destruirá empleo en 2011 como fue destruido en 2009, aunque los que mantuvieron su empleo en ese año mejoraron su poder adquisitivo.

El salario, además de ser la renta principal de los trabajadores asalariados, también es parte de los costos de producción, por lo cual el aumento del salario nominal debería tomar en cuenta la evolución de la productividad por trabajador o por hora trabajada o por día trabajado, y se podrían obtener los costos laborales por una unidad producida. Cuando estos costos aumentan más que el índice de precios al productor –o el índice de precios implícitos del PIB-, la utilidad bruta o excedente de explotación de la empresa disminuye, y viceversa.

En este caso, reitero que no tiene sentido que el salario perdiera terreno en la fase expansiva de la economía en 2010 –las utilidades brutas de las empresas aumentan- y lo ganara en 2009 en el año de la recesión económica del país –las utilidades brutas de las empresas disminuyen-. Y en 2011, otro año de expansión económica, el salario continuará cediendo terreno.

Por lo tanto, es necesario que los agentes económicos reflexionen en el vínculo del salario con la productividad y no con la tasa de inflación de precios al consumidor del año pasado.

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