La guerra de monedas y el córdoba

29 10 2010

Desde hace rato comenzó la “guerra de monedas” o la “devaluación competitiva de las divisas” con la que algunos países buscan ventajas competitivas con un bajo tipo de cambio de sus monedas para salir de sus crisis. No es una guerra por quién es el más fuerte, sino por quién cuenta con la moneda más débil, muy difícil de detener una vez que ha empezado y ya se conoce el final: se llama proteccionismo, que desembocará en una guerra comercial y retrasaría la recuperación económica mundial. Algunos piensan que este nuevo capítulo de la recesión económica mundial se resolverá en la calle 19 de Washington, D.C., pero el piloto está al otro lado del mundo, en China.

La historia del pensamiento económico nos enseña que este tipo de guerra se dio después de la Gran Depresión de los años treinta. A las devaluaciones competitivas para alentar la exportación y desincentivar la importación se les llamó políticas para «empobrecer al vecino» y terminaron provocando un gran aumento del proteccionismo que hundió más la economía mundial.

Con tasas de interés cercanas a 0%, Estados Unidos devalúa el dólar con su política monetaria al inyectar una excesiva liquidez para comprar títulos de la deuda con el fin de facilitar el crédito y la inversión y, así, manipula indirectamente el tipo de cambio al provocar la caída abrupta de las cotizaciones del dólar frente al euro y al yen, lo cual favorece a las exportaciones estadounidenses y ayuda a evitar una recaída de su economía.

Desde hace años Estados Unidos, en la actualidad la Unión Europea se ha sumado, reclama a China para que el mercado fije el valor del yuan o renmimbi o que las autoridades chinas aceleren la apreciación de su moneda que está subvaluada artificialmente al menos en un 20%, además de los  férreos controles en la entrada y la salida de capitales, para estimular las exportaciones, lo cual provoca un elevado superávit de la cuenta comercial de la balanza de pagos china y un déficit de la misma cuenta estadounidense. Cabe recordar que las exportaciones participan con el 36% en el PIB chino y sólo el 12% en el PIB estadounidense.

Sin embargo, la relajación monetaria de Estados Unidos también abarata su deuda en dólares, cuyo principal tenedor es China que usa sus crecientes reservas internacionales para comprar bonos del Tesoro estadounidense y, de paso, sigue devaluando así el yuan. Vendiendo yuanes y comprando otras monedas, China mantiene el tipo de cambio débil.

En la reciente reunión de ministros de Economía del G-20 en Gyeongju, Corea del Sur, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, propuso poner límites a los desequilibrios externos con un límite de 4% del Producto Interno Bruto (PIB) para el saldo en cuenta corriente de las balanzas de pagos, ya sea deficitario o superavitario, de los países de ese grupo. Los dirigentes chinos no se pronunciaron al respecto, pero el ministro de Economía de Alemania, Rainer Bruederler, criticó la propuesta estadounidense al afirmar que tenía “elementos que recuerdan a la economía planificada”. Ante las críticas, Geithner se salió por la tangente, al afirmar que «vamos a seguir apostando por fortalecer la recuperación», y su propuesta no fue incorporada en el comunicado final de los ministros del G-20.

Ahora, los países de economías avanzadas y los países emergentes contraatacan la apreciación de sus monedas provocadas por la devaluación del dólar. Han comenzado a depreciar sus monedas Japón, Brasil, Corea del Sur, Taiwán, Malasia, Tailandia, Filipinas, Suiza, Reino Unido, Colombia y Perú. El ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, bautizó a este fenómeno como la «guerra de monedas».

Estados Unidos, Japón y el Reino Unido han bajado a casi cero sus tasas de interés para alentar el crecimiento económico, pero la Eurozona la mantiene en 1% porque está más preocupada por la inflación. Los inversionistas financieros, principalmente de Estados Unidos, buscan mejores rendimientos en países emergentes y en vías de desarrollo que crecen con rápidez, y ante la afluencia de esos dólares estos países ven que sus monedas se aprecian, la competitividad de sus exportaciones se deteriora y el déficit en cuenta corriente de la balanza comercial se expande, por lo cual proceden a imponer controles de capitales o sus bancos centrales se lanzan a la compra de divisas. Contrario a su conducta pasada, ahora el Fondo Monetario Internacional (FMI) defiende con un gran fervor el control de capitales.

Nicaragua, un país pobre y aún muy endeudado en términos de producción, no participa en esa guerra de monedas, pero el córdoba se verá afectado por esa guerra. Si el córdoba sigue estable frente al dólar irá acompañando su depreciación y evitando el encarecimiento que la llegada de capitales está provocando a todos los mercados emergentes. Pero la afectación se daría porque la inflación del córdoba es mayor que la inflación del dólar, con o sin la llegada de los inversionistas financieros a nuestro país, con más intensidad en el caso que llegaran, por lo cual las exportaciones perderán competitividad y se abriría más el hueco del déficit comercial.

Para evitar una mayor apreciación del córdoba, que estimé en 19% para 2009, deberá imponerse un nuevo programa monetario y fiscal, aunque se distancie de la austeridad fiscal acordada recientemente con el FMI. El Banco Central de Nicaragua (BCN) podría emitir dinero para comprar bonos del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) con una baja tasa de rendimiento anual para enviar el mensaje a los agentes económicos que la tasa de inflación será baja y menor de dos dígitos en el corto plazo.

Los córdobas obtenidos por el MHCP serían asignados exclusivamente a financiar proyectos de infraestructura económica para alentar la inversión privada y, además de generar más empleos e ingresos, y reducir pobreza, contrarrestaría la nmayor apreciación del córdoba resultante de la guerra de monedas; en otras palabras, la mayor cantidad de córdobas que estaría circulando en el mercado ayudaría a contrarrestar la nueva apreciación del córdoba. Sin embargo, a medida que el sector público avance en la ejecución de sus proyectos de inversión, se acelerará la tasa de inflación y el BCN tendrá que elevar la tasa de rendimiento de los bonos del MHCP.  

La guerra es todos contra todos. Ricos contra pobres: Estados Unidos y la Unión Europea contra China. Pobres contra ricos: China no se da por aludida. Ricos contra ricos: Alemania censura a Estados Unidos. Pobres contra pobres: las economías emergentes ya entraron a la carrera de la devaluación y a poner el control de capital para evitar burbujas especulativas.

Quienes finalmente tienen que tomar las decisiones son los dirigentes políticos en todo el mundo, dentro y fuera del G-20, pero especialmente los de Estados Unidos y China.

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