La economía y las elecciones de Nicaragua en 2011

10 01 2011

La política económica de Nicaragua en este año no está a favor de las elecciones presidenciales. El Fondo Monetario Internacional (FMI) se impuso con la severa restricción del déficit fiscal, que se visualiza con el ajuste de 5% del gasto del presupuesto de 2010, una tasa igual a la de la devaluación, excepto los gastos de salud y educación que fueron ajustados en 7%, más el aumento del gasto del Consejo Supremo Electoral (CSE) equivalente a US$44 millones de dólares para preparar y finalizar la contienda electoral.

El ciclo económico político no se gestó, pues, por la vía del presupuesto nacional. La única salvedad que nos dejó el FMI es que si el Gobierno de Nicaragua logra obtener más préstamos concesionales este año, podrá aumentar hasta US$50 millones el gasto de inversión pública aprobado por la Asamblea Nacional. Sin embargo, los servidores públicos deberían preocuparse más por reducir la subejecución de la cartera de proyectos públicos ya financiados en vez de buscar cómo endeudar más al país.

Más aún, el FMI puso otros dos “ajustadores” para el gasto presupuestario de este año. Si el gobierno logra obtener nuevos préstamos de divisas líquidas de libre disponibilidad para apoyo presupuestario (sólo el BID apoya a Nicaragua con US$40 millones en 2011), serán destinados para aumentar las reservas internacionales del Banco Central de Nicaragua (BCN) y, por otro lado, si el Gobierno de Nicaragua logra recibir más donaciones de recursos externos que el monto programado de US$160 millones, se podrán asignar exclusivamente al gasto social.

En este escenario para 2011, el impulso del nivel actividad económica por el gasto público no va a funcionar. El gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no “fabricará” el enfoque del ciclo económico político, con más razón cuando la economía nacional se ha reactivado en 2010, después de un año del desplome de las economías avanzadas del mundo que contrajo la demanda internacional de nuestras materias primas en 2009. Por consiguiente, la política fiscal no será expansiva antes de los comicios del 6 de noviembre próximo, mientras que la política monetaria no será contractiva por estar subordinada a la redención de Letras Estandarizadas y Títulos Especiales de Inversión acordada con el FMI.

Con la hipótesis de que la política fiscal expanda el gasto gubernamental en este año para atraer la atención de los votantes a favor del partido político en el poder, el año de 2012 se caracterizaría por una contracción del gasto público y por una más restrictiva política monetaria, porque el modelo del ciclo económico político supone que el electorado tiene mala memoria.

Entonces, en un año electoral en el que el gobierno y el FMI caminan de la mano, la relación entre la política económica y las elecciones es nula.

La tasa de inflación continuará siendo alta por la aceleración de los precios internacionales del petróleo, de las materias primas y de los alimentos, mas no por una política fiscal y monetaria expansiva. Por lo tanto, el ajuste salarial esperado en este año, aunque el FMI pidió contenerlo para mantener la competitividad empresarial, tendrá que ser coherente con la presión inflacionaria, ya sea la del año pasado o la del año en curso que se ubican en el rango del [9%, 10%], y con la tasa de crecimiento económico que oscila en el rango de [3%, 4%]. Por lo tanto, no dudo que el gobierno disciplinará los reclamos salariales en la Comisión Nacional del Salario Mínimo y en el sector público y, así, mantendrá la distribución del ingreso en este año electoral.

Aunque la política económica nunca es tan precisa, la calidad de la oposición política también ayuda a explicar que no es necesaria la “fabricación” del ciclo económico político. Los partidos de oposición política están fragmentados, no tienen un candidato de consenso porque no se observó primero la alianza de partidos políticos ni después la casilla electoral que aglutine a esa alianza. Por lo tanto, el FSLN tiene una ventaja electoral, porque es muy probable que corran más de dos candidatos para la presidencia de la República.

Esa ventaja electoral del FSLN se maximiza cuando dispone de los recursos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), con el fin de atraer a más votantes el próximo 6 de noviembre. En 2011, con un gasto potencial de al menos US$400 millones en proyectos sociales y de reducción de la pobreza con la asistencia de Venezuela, el FSLN estará validando su compromiso de estar al servicio de la clase desposeída mientras garantiza la certidumbre económica para el gran capital.

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